Opinión

La indignidad de Mazón

No ha pronunciado la palabra que toda España estaba clamando: dimito. No, no lo ha hecho. Ha vuelto a hacer malabares con la palabra, obra y de nuevo omisión ante su responsabilidad.
María Pilar Gonzalo Vidao
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No ha pronunciado la palabra que toda España estaba clamando: dimito. No, no lo ha hecho. Ha vuelto a hacer malabares con la palabra, obra y de nuevo omisión ante su responsabilidad.

Los cinco minutos y medio que ha durado su intervención han servido para vomitar un discurso político alejado por completo de la realidad, en el que ha justificado su falta de responsabilidad en los peores momentos de un pueblo que se ahogaba en el barro.

Ha mencionado a los reyes de España, de quienes dice haber recibido todo su apoyo y lealtad. El rey no debe fidelidad a ninguna persona del reino, solo a la institución, y en cualquier caso, un presidente de Comunidad jamás anuncia su dimisión a este. Intentar manchar a la Corona es de una bajeza moral solo comparable a su comportamiento durante el último año. Si no va a convocar elecciones, ¿para qué se ha puesto en contacto con la Casa del Rey? Es más que probable que en las próximas horas su secretario desmienta esta nueva zafiedad de Mazón.

Ha mantenido su cobardía hasta el final. No ha sido capaz de pronunciar la palabra dimisión de forma directa, tan solo ha hecho referencia a que si por él hubiera sido lo habría hecho hace tiempo. Una mentira más.

Su vileza ha sido tal que su única referencia a las víctimas se ha limitado a una única frase. No les ha pedido perdón. Se ha centrado en morir matando acusando a todo el mundo de su caída en desgracia, sin asumir su responsabilidad, esparciendo nuevamente un supuesto odio hacia su persona y contra la Comunidad Valenciana. Mazón en plena alucinación psicotrópica cree que él es la comunidad, que todo orbita hacia su persona.

Tampoco ha aclarado quién será el elegido o elegida que va a sustituirle, ni siquiera si va a dejar su acta de diputado, mucho menos si va a convocar elecciones en los próximos meses.

Esta intervención quedará en las hemerotecas para vergüenza de todos como un recordatorio de cómo no ser presidente, de cómo no marcharse ante la gravedad de unos acontecimientos en los que no supo estar y por los que 229 personas murieron a manos de su incompetencia y deslealtad.

Mazón se ha apoyado todo este tiempo en 160 altos cargos aislados por completo de la realidad, cómplices que han incluido a su propio presidente de partido, Alberto Feijoo; colaboradores necesarios como Vox, que lo ha mantenido en una tela de araña para dejarlo morir enredado entre su propia ineptitud, y sobre todo, por un periodismo traidor y cobarde que lo ha sustentado en directo hasta el último suspiro.

El todavía presidente de la Comunidad Valenciana mantiene su aforamiento, su sueldo, escolta, coche oficial, también su falta de empatía y humanidad con unas víctimas que le perseguirán mientras viva.

Mazón era un cadáver político que nadie en su partido sabía cómo enterrar. Hoy ha quedado claro que su indignidad se sustentaba en una estrategia política que consistía en dejar pasar el tiempo para no asumir responsabilidades civiles ni penales.

Hoy hemos asistido al declive más absoluto de un partido político que podría hundirse con Mazón, aupando a una extrema derecha todavía más rastrera e inhumana si cabe.

Mazón se irá pero el barro seguirá cubriendo la política en la Comunidad Valenciana.