Héroes sin bandera

María Pilar Gonzalo Vidao
Ayer nos levantábamos con la portada de El País, medio de comunicación de tirada nacional, que nos regalaba una fotografía digna de un premio Pulitzer, tal y como fue la realizada por el corresponsal de Associated Press, Joe Rosenthal, durante la Batalla de Iwo Jima, el 23 de febrero de 1945.

Ayer nos levantábamos con la portada de El País, medio de comunicación de tirada nacional, que nos regalaba una fotografía digna de un premio Pulitzer, tal y como fue la realizada por el corresponsal de Associated Press, Joe Rosenthal, durante la Batalla de Iwo Jima, el 23 de febrero de 1945.

Fotografía de portada de Óscar Corral publicada el 13-11-2024 para El País

El contexto, sin duda, era otro. Un enfrentamiento bélico entre dos estados soberanos como los Estados Unidos de América  y Japón en el contexto de la II Guerra Mundial en pleno Pacífico. En España, el fotoperiodista, Óscar Corral, nos transporta con su fotografía a un enclave igualmente hostil aunque esperanzador sobre el terreno. 

Alfafar, en plena devastación tras la mortal DANA valenciana comparte la expectativa de un nuevo comienzo, la destrucción y el poder de la fuerza en comunión con el trabajo en equipo. Al fondo, casas en tonos anaranjados, casi un símbolo de un nuevo amanecer. Es sin lugar a dudas la exposición de que las batallas se ganan con alianzas aunque estas se sustenten entre cadáveres por guerras inútiles. Los muertos, nuestros muertos y sus familias van a seguir estando sobre la mesa de los políticos pero esta vez conviene centrarse en la profesionalidad de aquellos que trabajan en construir por delante de aquellos que solo esparcen odio y división.

Nuestro país ha demostrado que tiene suficiente entereza, pulso y recursos para empezar desde cero, para devolver la dignidad a los municipios afectados aunque esto requiera de tiempo y dinero, porque al final, siempre se trata de lo mismo, reparto de presupuestos que llegará con cuentagotas si no cambiamos las rutinas establecidas hasta ahora.

El disparo de cámara de Óscar Corral no debe ser inocuo sino todo lo contrario, debe impregnarnos a cada uno de nosotros del espíritu que refleja la solidaridad entre los pueblos y el esfuerzo de todos aquellos que han bajado al lodo para evitar que las personas afectadas sigan ahogándose en un río de incomprensión. 

Corral ha reflejado lo que todos hemos visto durante los últimos quince días en los medios de comunicación, el esfuerzo llevado a su máxima expresión trabajando contrarreloj para que la vida, esa que pasa sin que hagamos nada, volviera a ser rutinaria.

Joe Rosenthal tuvo que enfrentarse gran parte de ella a aquellos que aseguraron que la imagen tomada en el monte Suribachi estaba trucada, un adelanto de lo que estaba por llegar con la vida líquida en la que nos movemos, con tantas noticias falsas, desinformación e intereses interpuestos. Una sociedad de usar y tirar como nos revelaba Zygmunt Bauman. 

Michael Strank, uno de los cinco marines que sostuvo la bandera estadounidense en aquel disputado enclave fue enterrado finalmente en el cementerio de Arlington, tras ser abatido unos días después de la épica toma fotográfica. A pesar de haber vivido desde los tres años en EEUU no contaba con la ciudadanía americana, un certificado oficial inexistente a pesar de recibir el impacto de la metralla en su corazón, lo que deja en evidencia tanto en un escenario como en otro, la cantidad de Michael Strank que figuran entre nuestros vecinos, muchos de ellos dispuestos a dejarse la vida por aquello en lo que creen, aunque estos no ostenten la ciudadanía de los países que los acogen.

Entre el símbolo que nos muestra el fotógrafo de El País y el de Iwo Jima han pasado casi ochenta años, ocho décadas en las que las sociedades occidentales hemos avanzado a todos los niveles.

No permitamos que el lodo nos haga retroceder.