El postsanchismo

Julio Calvo 2024
Sánchez caerá, es inevitable, y lo hará con estrépito de platos rotos. Su lugar en la Historia ya lo tiene reservado desde hace tiempo y no será especialmente brillante.

Sánchez caerá, es inevitable, y lo hará con estrépito de platos rotos. Su lugar en la Historia ya lo tiene reservado desde hace tiempo y no será especialmente brillante. El juicio de la Historia no será clemente con él porque ha demostrado sobradamente ser -resumiendo- una mala persona, incapacitada intelectual y moralmente para ejercer las responsabilidades que ha asumido. Y no digamos más, que ya está casi todo dicho. 

Pero hay que prepararse para ese día y pensar en el recambio y, sobre todo, preparar la hoja de ruta para la recomposición del enorme estropicio que ha causado el personaje, y el que pueda seguir causando hasta que definitivamente se vaya: el programa de gobierno de los partidos que concurran a las elecciones. Porque, asumámoslo ya, no va a ser el próximo un cambio de gobierno normal. El sanchismo ha dejado al descubierto no sólo las enormes carencias democráticas del partido que ha gobernado y de su secretario general, sino las debilidades de nuestro sistema político y del entramado institucional del que nos dotamos en la Transición. 

Recapitulemos: un aventurero, economista con un doctorado plagiado, elocuente y de buena presencia, acompañado de tres personajes de catadura dudosa, con poca cualificación para la tarea que pensaban acometer, un diplomado en Magisterio, un electricista y un portero de puticlub, se hace con las riendas del PSOE, una enorme estructura de poder y propaganda, y gracias a ello y al apoyo de los partidos independentistas, a los que les interesa un gobierno débil y carente de principios, alcanza la presidencia del Gobierno. Y algo que podría -que debería- haber sido un accidente inmediatamente remediable mediante una retirada de confianza de su propio partido o una moción de censura, se ha perpetuado mucho más de lo prudente, con los efectos que todos estamos viendo. El propio Juan Luis Cebrián lo dijo: no entendía que tras el intento de pucherazo en el 2016 en el seno del Comité Federal de su propio partido, Sánchez no hubiera sido expulsado del PSOE a perpetuidad. Pero ahí está.

Algo así no puede volver a pasar. ¿Y cómo lo hacemos? Pues evidentemente hay que cambiar las reglas del juego. Ni nuestra Constitución ni nuestras leyes previeron una anomalía como la que estamos viviendo. Y si a lo largo de los años se ha asumido la naturaleza chantajista de los nacionalistas, nadie imaginaba que un gobierno cediera en la forma en que lo está haciendo éste, indultos y amnistía incluidos. Nadie imaginó que pudieran pisotearse principios constitucionales básicos y con tanto descaro. 

Que habrá que hacer limpieza es evidente. Pero creo que también es evidente que eso no será suficiente. Estamos viviendo una situación de excepcionalidad que puede acabar desmantelando el régimen democrático, que hay que evitar que se repita en un futuro y para lo que habrá que blindarse: revisar el régimen de nombramientos en puestos institucionales claves, eliminar aforamientos, hacer efectivos los procedimientos de rendición de cuentas y con consecuencias tangibles… Hay que acabar con el chantaje nacionalista, eliminar todos esos privilegios forales antidemocráticos que colisionan con el principio angular de la igualdad de todos los españoles, que asuman de una vez la posibilidad de que en una negociación puedan no obtener nuevas ventajas sino perder las que ya tienen… Hay que revertir el desmantelamiento del Estado, hay que recuperar para la Administración central competencias básicas y troncales: Educación, Sanidad, Justicia, Seguridad...  Hay que acabar con todas esas políticas divisivas que alumbró Zapatero y que Rajoy no se atrevió a derogar a pesar de que prometió hacerlo: Memoria Histórica y Democrática… Hay que volver, por lo menos, a la normalidad previa al 11 de marzo de 2004 e incluso revisar disparates y errores previos, que ya los hubo. 

¿Pero quién se atreverá a proponer y cumplir ese programa electoral?