Boggiero, ¿alma del levantamiento de Zaragoza contra Napoleón I? (Primera parte)

Nació en el pueblecito de Celle, en Génova (Italia), el año 1752. Se llamaba Juan Boggiero Spotorno y era hijo de un mercader que lo envió a Zaragoza junto a su hijo mayor Andrés, oficial entonces de los ejércitos españoles, para preparar su ingreso en la carrera de las armas. Muy joven aún, ingresó en las Escuelas Pías de la orden de Clérigos Regulares Pobres fundada por José de Calasanz, que siguiendo al Padre Celma, aplicaba métodos pedagógicos muy avanzados para la época.

Un genovés en la Zaragoza del XIX

Nació en el pueblecito de Celle, en Génova (Italia), el año 1752. Se llamaba Juan Boggiero Spotorno y era hijo de un mercader que lo envió a Zaragoza junto a su hijo mayor Andrés, oficial entonces de los ejércitos españoles, para preparar su ingreso en la carrera de las armas. Muy joven aún, ingresó en las Escuelas Pías de la orden de Clérigos Regulares Pobres fundada por José de Calasanz, que siguiendo al Padre Celma, aplicaba métodos pedagógicos muy avanzados para la época.

Cuando contaba 16 años, perdió su interés por la milicia y se hizo clérigo. Al ser ordenado, cambió su nombre de pila por el de Basilio. Y, con 21 años, ya era maestro en el colegio zaragozano.

Su nacimiento italiano, coincidente con el de la marquesa de Lazán, le convirtieron en preceptor de los tres hijos de ésta, los Palafox, entre los que se encontraba el futuro héroe de los Sitios de Zaragoza.

Pedagogo católico por encima de todo

Boggiero, además de griego y latín, teología y retórica, tenía profundos conocimientos de preceptiva, historia, geografía, filosofía y sagrada escritura, conocimientos que trató de inculcar a sus jóvenes alumnos.

Sus clarísimos criterios respecto a la docencia se ponen ya de manifiesto en estas fechas, cuando con 30 años asevera: “...hay muchísimos que dicen que al instruir a la juventud se ha de huir de las cosas difíciles y ocultas, y solo se les ha de enseñar las cosas livianas y pueriles, opinión demasiado extendida por desgracia, que va prevaleciendo de día en día y traerá la ruina y muerte de la verdadera sabiduría. Llamo a esta opinión perniciosa para la República, torpe, indigna, nacida de la necedad y de la ignorancia; digo a la juventud, digo a la posteridad, digo al género humano, que esta opinión traerá calamidades, discordias, perturbación sempiterna...” Y remata sus palabras añadiendo que "si los adolescentes no son instruidos, no pueden pensar algo noble, porque no puede realizar algo noble u oneroso el que no posee la sabiduría". Finalmente, expresa el deseo de que “los niños mamasen la verdad con la misma leche de la nodriza; yo quisiera que se confiaran a maestros óptimos, que se instruyeran en las mejores artes, que fueran informados en la cortesanía, en la honestidad..., y quisiera que estuvieran lo más lejos posible de la necedad; y desearía que con la diligencia, industria, consejo de los maestros, sepan, sean juiciosos, filosofen desde los más tiernos años; no se les ha de preguntar cuánto han leído, cuánto han aprendido, cuánto se les ha enseñado, sino más bien cuánto han conocido, han investigado y han visto”. Un discurso pronunciado en latín que, hoy, más de doscientos años después, aún se mantiene vivo.

Dos años después, con 32, publicó su “Introducción a la Elocuencia Española” y cuatro años más tarde, en 1788, la “Vida del dominico de Alagón Padre Garcés”.

Boggiero era, en este momento, un orador elocuente volcado en dar sermones moralizantes. En sus escritos y poemas aparecía como confesado enemigo de la falsa filosofía de la ilustración con sus groseros errores del ateísmo –que niega la existencia de Dios-, del deísmo –que admite la existencia de un ser superior creador de la naturaleza, pero rechaza tanto la revelación como el culto-, y del teísmo –opuesto a los otros dos, que reconoce la existencia de un Dios inteligente y libre que ha dado origen al mundo y lo gobierna-.

Algo más que un preceptor

Se conoce poco más de su personalidad. Acaso que era un trabajador nato, muy bien preparado intelectualmente: escritor en prosa y verso, en español, latín y griego, sobre múltiples temas, enseñante paciente y hábil y predicador de lenguaje cuidadísimo y cercano. También que fue convencido defensor del general barbastrense Ricardos, director con éxito de la campaña contra la Convención Nacional francesa, que había abolido la monarquía y proclamado la república, ejecutado al monarca Luis XVI e instaurado el régimen del Terror en Francia.

Sabemos también que no era amante del relumbrón. Pastor, el biógrafo del escolapio, nos dice que en vísperas del alzamiento zaragozano, a pesar de ser predicador supernumerario de Su Majestad y profesor público de elocuencia y de poseer amena conversación y afable trato, no era dado a asistir a los salones de los notables zaragozanos. Sin embargo, era una personalidad respetada entre ellos por sus dotes intelectuales y morales, sus conocimientos filosóficos y teológicos, su elocuencia religiosa, su humanismo, sus poemas al estilo clásico... Pero sobre todo, como maestro de los hijos del marqués de Lazán.

Sus vínculos con la familia Palafox son ya muy intensos en esta época. Él ha preparado a los dos primeros vástagos, Luis y Francisco, para acceder al selecto cuerpo de los Guardias de Corps. Y cuando el tercero, José, cuenta 17 años y marcha a Madrid para ingresar también en este cuerpo, solamente le acompañan dos personas, una de ellas Boggiero. El profundo afecto existente entre maestro y alumno va a mantenerse siempre.