Opinión

La literatura en la música (o viceversa). Parte veintidós

Los años veinte y treinta en España marcan una época en la que nunca hasta entonces la cultura centrada en la literatura y la música había caminado llevada por estas dos artes enlazadas de la mano. La Generación del 27, también llamada de la República, estuvo integrada por una pléyade de poetas quienes, además de su dedicación a las letras, fueron grandes melómanos, todo lo contrario que sus colegas del 98.

Los años veinte y treinta en España marcan una época en la que nunca hasta entonces la cultura centrada en la literatura y la música había caminado llevada por estas dos artes enlazadas de la mano. La Generación del 27, también llamada de la República, estuvo integrada por una pléyade de poetas quienes, además de su dedicación a las letras, fueron grandes melómanos, todo lo contrario que sus colegas del 98. Cernuda, Lorca, Salinas, Guillén, Alberti, Diego o Altolaguirre se vieron unidos a una generación de músicos notabilísimos y algunos excepcionales a quienes la guerra civil de 1936 – 39 les hizo interrumpir violenta y dramáticamente su evolución artística. Nombres como Ernesto y Rodolfo Halffter, Bacarisse, Remacha, Pittaluga, o del grupo barcelonés, como Toldrá, Lamote de Grignon o Gerhard, se han ido recuperando lentamente, pero sin una presencia como la que se merecen, en las salas de conciertos.

Federico García Lorca poseyó las dos vertientes que señalo: la poesía y la música. Las dos se encuentran en él profundamente unidas. Las poesías dramáticas o líricas son de indudable inspiración musical y no únicamente en la temática, también en su estructura y emoción, que se expresan a través, o derivadas, de formas musicales muy concretas o mediante ritmos e influencias de sus compositores más admirados. En el teatro, Lorca trabajó con músicas de melodías muy específicas, sobre todo de origen popular. En muy pocas ocasiones trabajó con compositores profesionales, como en el caso de las actuaciones de La Barraca o en Don Perlimplín, cuyas canciones fueron escritas por Federico Elizalde. Inserta coros en el drama Yerma, "una tragedia con cuatro protagonistas y coro, como deben ser las tragedias", dice el propio Lorca. Y a partir de La zapatera prodigiosa es él mismo quien monta las canciones escenificadas. La relación entre los jóvenes músicos y el poeta se sigue gracias a la correspondencia que mantuvieron; en cuanto a Falla el asunto se presenta más delicado, dada la diferencia de edad y que las influencias mutuas desembocaron en la admiración y la amistad que sintieron el uno por el otro. Se ha señalado que en las "farsas" lorquianas es adecuado hablar de toda una etapa teatral inmersa en el influjo del músico. Están muy cerca obras como El corregidor y la molinera, El sombrero de tres picos o El retablo de Maese Pedro, sin olvidar el planteamiento de La Zapatera.

Impresiones y Paisajes es el primer libro de García Lorca, publicado en 1918, muy poco más tarde de que su vocación por la literatura se desarrollase con más fuerza y que sus estudios musicales aún estuviesen muy presentes, tanto es así que dedica su obra de este modo: "A la venerada memoria de mi viejo maestro de música D. Antonio Segura". El profesor, tan querido por Lorca, había fallecido hacía poco tiempo. La imagen de lo musical es importantísima en su obra, insertándose con espíritu romántico y como descripción, pero sin llegar a formar parte, de modo intrínseco, del propio relato. Los sonidos percibidos en su entorno, aquellos que vienen de la naturaleza, serán descritos en términos musicales pero con un significado poético.

Y dice Lorca: "Eso es lo que tiene Granada y la vega, que oídas desde La Alhambra, cada hora del día tiene un sonido distinto. Son sinfonías de sones dulces lo que se oye... Y al contrario que los demás paisajes sonoros que he escuchado, este paisaje de la ciudad romántica modula sin cesar."

En otros escritos de esos años que dejó sin publicar, Lorca ensayó distintas formas de literatura en las que la música, frecuentemente, tiene una presencia estructural casi constante. Hablaré de ello y de otros aconteceres de la vida artística del poeta-músico en próximas entregas.