Opinión

La literatura en la música (o viceversa). Parte quince.

El día 11 de mayo apareció en esta tribuna digital el decimocuarto de los artículos que les vengo ofreciendo; retomo estos y en esta entrega será la literatura la que prevalezca sobre la parte musical ya que la figura del poeta Johann Wolfgang Goethe, quien a tantos grandes compositores inspiró, ocupará esta parte y la de la próxima tribuna.

El día 11 de mayo apareció en esta tribuna digital el decimocuarto de los artículos que les vengo ofreciendo; retomo estos y en esta entrega será la literatura la que prevalezca sobre la parte musical ya que la figura del poeta Johann Wolfgang Goethe, quien a tantos grandes compositores inspiró, ocupará esta parte y la de la próxima tribuna.

A lo largo de su vida Goethe se relacionó con innumerables músicos, en la mayor parte de los casos debido al cargo político que ostentaba desde 1815, año en que fue nombrado ministro relacionado con las leyes, pues había estudiado derecho, ejerciendo durante varios años en Frankfurt y en Darmstadt. Pero su formación cultural empezó siendo muy niño, bajo la tutela de su madre, quien le inició en varias disciplinas como ciencias naturales, matemáticas, lenguas clásicas y modernas y dibujo. Su padre, Johann Caspar, que era jurista, le insistió para que se dedicara a la carrera de leyes; la compaginó con sus aficiones literarias, que con el tiempo acabarían siendo su principal ocupación.

Goethe vino al mundo en Frankfurt am Main el 28 de agosto de 1749, falleciendo en Weimar el día 22 de marzo de 1823, y aunque viajó por la mayor parte de Europa y su estancia en Italia fue decisiva, la citada Weimar, en la que vivió desde 1775 hasta su muerte, resultó ser el lugar ideal para el poeta y donde escribió la mayor parte de su obra. Sus célebres dramas Egmont y Fausto, y la intriga y filosofía de estas obras, propiciaron que Beethoven crease una pieza sobre el primero, y que otros compositores como Berlioz, Liszt, Wagner, o Gounod en su conocida ópera, se ocupasen del segundo. Según los musicólogos, en los escritos de Goethe aparecen con frecuencia referencias a la música como elemento comparativo con otras artes y encontraba en la voz humana un hecho musical de valor extraordinario. Si por un lado él consideraba la música como parte del remedio del alma, por otro no negó que en ella también se le presentaba un elemento que le perturbaba, ya que su efecto era poderosísimo y le era poco menos que imposible captarla o llegar a comprenderla sólo con la razón.

La música fue para Goethe la madre de la cual nace la poesía y a la que retorna; esta idea no parece extraña en un poeta, pues su obra atrae especialmente por el ritmo y la cadencia de su lenguaje, es decir por su carácter tan musical. Se comprende entonces el interés que el poeta sentía sobre todo por la música vocal, ya que, en su opinión, el canto ocupa un importantísimo lugar en la base de la formación del ser humano y le presta una ayuda inigualable a la hora de expresar tanto angustias y tribulaciones como cuando es la alegría la que pide exteriorizarse. Pero en esta época de romanticismo exacerbado es más bien el estado de ánimo melancólico o dolido el que aflora. Goethe, ante una decepción amorosa que le tortura, se duele así en su poema Aussobnung: "Entonces la música aparece / con sus alas angélicas / enlazando una multitud de sonidos / que atravesarán la esencia del ser humano / y le saciarán de eternan belleza / el ojo humedecido siente, en superior anhelo / el valor divino de sonidos y lágrimas / Y el corazón / con este alivio se apercibe enseguida / de que sigue viviendo y latiendo / y de que ese es su deseo / entregarse voluntariamente como respuesta de pura gratitud / por recibir tan excelso don".

Para Goethe el más alto representante de la música fue su admirado Mozart; en el descubrió al gran artista, al genio inalcanzable y superior, a una suerte de inexplicable milagro, cuya irresistible atracción era imposible de evitar. Sin embargo, una representación de alguna ópera mozartiana en la que el libreto no estuviese a la altura, como por ejemplo El rapto en el serrallo o Cosi fan tutte, le impedían disfrutar de aquella música celestial, tal era la importancia que los textos tenían para el poeta.

(Continuará)