Opinión

La literatura en la música (o viceversa). Parte doce.

Sobre Felix Mendelssohn se ha escrito abundantemente y él también empleó muchas horas de su breve vida en expresarse por medio de la literatura, además de la música o la pintura; el compositor no fue un narrador al uso sino que se servía de la comunicación epistolar para dar rienda suelta a la facilidad y el refinamiento de sus expresiones.

Sobre Felix Mendelssohn se ha escrito abundantemente y él también empleó muchas horas de su breve vida en expresarse por medio de la literatura, además de la música o la pintura; el compositor no fue un narrador al uso sino que se servía de la comunicación epistolar para dar rienda suelta a la facilidad y el refinamiento de sus expresiones.

En sus cartas, que se cuentan en más de cinco mil, el músico describe una imagen precisa y fiel de los lugares y hechos vividos por él mismo en Suiza, Italia o Escocia, utilizando el estilo de la época, interpretando metafísicamente los fenómenos naturales y aplicando los criterios que contiene el famoso libro “Sentimental Journey” de Laurence Sterne, célebre por sus reflexiones sobre la incomunicación humana, obra muy apreciada por el desaparecido cineasta italiano Antonioni.

Mendelssohn era un incondicional admirador de Goëthe, siendo su obra “Viaje a Italia” su libro de cabecera. Pero curiosamente, sus lieder no tuvieron los textos del poeta hasta poco antes de su desaparición en 1846, y solamente en tres de ellos de los cien escritos.

El músico se dejó llevar por los poemas de Heine, Eichendorff, Lenau, Schiller y otros literatos, y si Byron, Moore o Burns no fueron incluidos como “letristas” de sus lieder, fue debido a la reserva que el compositor sentía hacia las traducciones de los poemas de autores no germano-parlantes. Shakespeare era uno de sus más admirados escritores y tampoco fue incorporado en ninguna canción, aunque sí está presente como la música incidental en El sueño de una noche de verano. Según Fischer-Dieskau: “sólo las poesías significativas podían proporcionar nueva vida a la lírica del lied”.

A Mendelssohn se le ha considerado en sus lieder como el heredero de la Escuela de Berlín, encabezada en esta época por Zelter y Reichardt, quienes afirmaban que el misterio de la composición en el género liederístico consistía en abandonarse al poema y dejar fluir la inspiración que de este se desprende: “La poesía es la más comprensiva de las artes y la música juega en relación con ella, sobre todo la nacida en el romanticismo, un estilo especialmente significativo”, dice el musicólogo August Wilhem Schlegel.

Las canciones que Mendelssohn escribió en su primera juventud siguen los principios de Zelter, como apunta Richard Wigmore, “pero por su gracia lírica, su sutileza armónica y su bien trabajada técnica, sobrepasan de lejos a las de su maestro y a las de otros autores del norte de Alemania”. Se ha considerado que en sus obras orquestales también se encuentra un tratamiento liederístico en sus líneas melódicas, tan alimentadas por los aromas de la naturaleza y sus sabores; una impronta que también, más tarde, se podrá encontrar en Mahler.

Tanta es la unión del músico con la poesía, que es este arte el que le motiva para escribir la obertura de concierto Mar en calma y viaje feliz, y que se basa en dos poemas de su querido Goethe. Ambos comienzan con estos versos: “Un silencio profundo reina sobre el agua. Las brumas se rasgan, el cielo está claro”. Estos textos habían inspirado ya a Beethoven unos años antes.

La ópera no es una parte abundante en el catálogo de Mendelssohn; a los dieciséis años emprendió la tarea de escribir la primera de las dos que compuso y como tema escogió el pasaje de “Las bodas de Camacho” de “Don Quijote”, que a nuestro músico le pareció divertido, creando así una obra semicómica, no sin mirar hacia atrás y encontrarse muy atinadamente con Mozart. Karl Klingemann, poeta y diplomático que frecuentaba con asiduidad los salones de la culta familia Mendelssohn, escribió el texto de la segunda ópera debida al compositor: Hijo y extraño.

De Nicolas Lenau son estos poemas musicados por Mendelssohn:

Sobre el inmóvil lago                      Ciervos van por la colina
demora el brillo de la luna               miran arriba, a la noche;
sus pálidas rosas trenzando            a veces un ave se anima
de los carrizos en las puntas.          a soñar, de las cañas al borde.