Opinión

La literatura en la música (o viceversa). Novena parte.

Las 24 canciones que conforman el ciclo “Viaje de invierno” de Franz Schubert con textos del poeta Wilhem Müller inspiraron al compositor para relatar musicalmente su propio viaje interior, como ya apunté en mi último comentario aparecido el 22 de junio en esta misma tribuna de Aragón Digital. Así pues, continuando con el tema “la literatura en la música”, me acercaré de nuevo a Schubert.

Las 24 canciones que conforman el ciclo “Viaje de invierno” de Franz Schubert con textos del poeta Wilhem Müller inspiraron al compositor para relatar musicalmente su propio viaje interior, como ya apunté en mi último comentario aparecido el 22 de junio en esta misma tribuna de Aragón Digital. Así pues, continuando con el tema “la literatura en la música”, me acercaré de nuevo a Schubert.

La colección de 24 canciones escritas por el músico entre 1827 y el siguiente año, que fue el de su fallecimiento, no deja de ser una suerte de autobiografía del último año de su vida; una época llena de desolación y dramatismo en la que Schubert se contempla reflejado en el espejo de los poemas de Müller, en los que el caminante emprende el viaje del invierno más solitario de todos los que ha vivido.

El músico inicia este viaje invernal bajo un opresivo cielo de nieve y en el que el agua de los arroyos ya no fluye, contenida por el hielo. No existe ninguna señal de vida en la naturaleza y los únicos sonidos que se perciben son los causados por los ladridos lejanos de los perros o el chasquido de una rama al romperse por el poso de la nieve.

En este entorno hostil, el caminante ya no tiene esperanzas y la vida carece de sentido para él. Solo, inmerso en la profundidad de una noche invernal, implacable y terrible, el protagonista huye hacia la nada.

Pero no solo de Müller tomó Schubert los textos para sus “lieder”, tan variados como numerosos (más de seiscientos); otros poetas serían puestos en música por la sola razón de que le llegasen al corazón, que le emocionaran o que la intención poética le hiciese sentir hondamente el texto. Schubert era un medio culto, al que le faltaba instrucción literaria y general, pero su profunda sensibilidad le permitía suplir estas carencias para poder llegar hasta el fondo de las cosas.

La intuición de Schubert para elegir aquellos poemas que le hacían escribir sus melodías venía dada por el dominio de la exposición musical, hasta tal punto que la línea melódica, la armonía y el ritmo se unen de una forma natural, sin esfuerzo, tornándose así estos los verdaderos intérpretes del sentimiento poético. El músico alcanza un calor sentimental excepcional, elevándose hacia tal potencia de expresión, que sus canciones son un prodigio de colorido armónico.

No se puede ignorar a los poetas que conmovieron el exquisito espíritu de Schubert y con los que tuvo relación personal: Schober, Mayrhofer o Grillparzer formaron parte de su entorno más próximo en Viena, y otros como Goethe y el no menos importante Schiller le fueron muy cercanos intelectualmente. Shakespeare, Petrarca, Walter Scott y otros muchos también se encuentran viviendo en la música del compositor.

Como ejemplo, disfrutemos de la lectura de dos poemas de Goethe, musicados por el gran Schubert.

Canción nocturna del Caminante
Sobre todas las cumbres
Quietud,
En todas las cimas
Sientes tú
Un aliento apenas;
Los pajarillos del bosque callan.
¡Espera solo, espera!
Pronto tú también descansas

¡Solo quien sabe de anhelo!
Solo quien sabe de anhelo
Sabe lo que a mí me embarga.
Sola y de todo contento
Separada hacia el firmamento
Vuela mi mirada.
Perdí allá a lo lejos quien me sabe y ama.
De vértigo ardiendo
Están mis entrañas.
¡Solo quien sabe de anhelo,
Sabe lo que a mí me embarga!

(Continuará)