En cuanto a los lieder de Schumann es preciso señalar las diferencias existentes entre estos y los de Schubert, aun siendo ambos pertenecientes al periodo romántico y que los dos se inspiraron o utilizaron los textos de poetas de su época o anteriores. Para Schumann el piano es la íntima expresión de su yo, de su propio personaje, por lo tanto le es imposible reducir su función y relegarlo a ser un mero acompañante de la voz. Así que el instrumento toma parte activa en el encuentro y su función se une al canto, dialoga con él y en ocasiones se convierte en "otro personaje", un personaje que se hace presente desde el inicio de la canción en un extenso preludio hasta la conclusión, también larga.
Schumann realiza así esta unión íntima entre la poesía y la música que tanto había perseguido. Los poemas románticos alemanes de su tiempo están predestinados a ser puestos en música; los de Rückert o Eichendorf piden, esperan las melodías de Schumann, ellas les aportan resonancias más expresivas y ricas. Los poemas, en su estructura, piden esta alianza musical.
Robert Schumann, que había sido niño cantor en la iglesia de Zwieckau y concoció desde su primera juventud las óperas de Mozart y de otros compositores, se sintió atraído rápidamente por la música vocal, además de por la literatura. 1848, año de su matrimonio con la hija de su profesor, el señor Wieck, es el momento de su mayor producción camerística, escribiendo más de ciento treinta canciones, más o menos la mitad de lo que compuso para este género a lo largo de su vida.
Schumann, como casi todos los compositores románticos, tenía una vasta cultura literaria, estudiando a los clásicos, a los poetas trovadores de la Edad Media de Francia y España, y siendo Lope o Calderón algunos de sus autores preferidos. Pero aun así, su "respeto" por los textos no igualaba al que sentía por la música, a la que colocó muy por encima de los poemas de los que se sirvió para sus lieder, y ello después de que Schubert elevase la canción hacia un primer lugar, escalando varios puestos desde la poco importante categoría en la que se encontraba.
La primera obra lírica de Schumann tiene fecha del 1 de febrero de 1840 y su título es "Canción del bufón", con texto de Shakespeare, tomado de la comedia "Noche de Reyes", y será el único escrito del autor inglés que Schumann utilizará para sus canciones. La elección de los poetas es primordial para el músico: Heine, Rückert, Eichendorf, Goethe, Morike y muchos más fueron los literatos. Tras la escritura del "Ciclo de canciones de Heine", uno de los más inspirados, aparece "Mirtos", una colección con letras de varios autores, en la que se encuentra el poema de Mosen "El nogal", una de las canciones preferidas de Schumann y de su esposa, Clara. En "Mirtos" se encuentran autores como Heine, de nuevo, Goethe, Rückert, von Willmeer y varios más.
Heine surge una vez más en el conjunto de lieder "Amor de poeta" o "Amor y vida de mujer" que es otro de los ciclos más conocidos de Schumann. Los poemas de Chamisso dan ocasión al músico de narrar musicalmente el destino de Clara, desde que se conocen hasta unos hechos que Schumann imagina y son los que puedan acaecer tras su muerte. En "Álbum de canciones para la juventud", con palabras del no muy considerado Hoffmann von Fallersleben, Schumann atiende, como ya hizo en varias de sus obras para piano, al estudio de la música vocal, en este caso dirigida a los jóvenes cantantes en sus principios de aprendizaje.
Después de escribir varios ciclos y diversas canciones sueltas, Schumann compone la que sería su última incursión en el mundo de la voz humana: "Canciones de la reina María Estuardo". En ellas trata de encontrar una línea nueva tomada del recitativo dramático, lo que acerca la obra a la expresión operística o la cantata de cámara. Las letras están atribuidas a la propia reina de Escocia y la traducción es de Gisbert Vincke. E. Músico se identificaba plenamente con esta reina que no reinó de modo efectivo y que se despidió del mundo con los dos últimos versos de los cinco de sus escritos: "Despedida del mundo" y "Plegaria".
Leamos dos fragmentos del poema de Chamisso "Amor y vida de mujer" puesto en música por Schumann y que dedica a su todavía prometida Clara.
Desde que lo vi,
creo mis ojos ciegos;
a donde miro
solo a él veo.
Tal sueño despierto
Su imagen aparece,
De entre lo más negro
Más radiante asciende.
Reír y llorar quiero a la ocasión
seré entonces, dichosa, dichosa,
Aunque se me parta el corazón
Rómpete, corazón, qué importa.