Opinión

Falla y Cervantes

En la primera página de El retablo de Maese Pedro se puede leer la siguiente dedicatoria: "Esta obra ha sido compuesta como homenaje devoto a la gloria de Miguel de Cervantes y el autor la dedica a Mdme la Princesse Ed. De Polignac." Como se advierte, el homenaje a Cervantes precede a la dedicatoria dirigida a la mecenas que le había hecho el encargo de escribir este pasaje de Don Quijote.

En la primera página de El retablo de Maese Pedro se puede leer la siguiente dedicatoria: "Esta obra ha sido compuesta como homenaje devoto a la gloria de Miguel de Cervantes y el autor la dedica a Mdme la Princesse Ed. De Polignac." Como se advierte, el homenaje a Cervantes precede a la dedicatoria dirigida a la mecenas que le había hecho el encargo de escribir este pasaje de Don Quijote. Esta devoción por Cervantes viene desde la infancia del músico; a los nueve años de edad, según cuenta Roland Manuel, biógrafo de Falla, el músico revive para su hermana, en un pequeño teatro de marionetas, las aventuras del ingenioso hidalgo manchego. En 1918 Falla recibe la petición por parte de la Princesa de Polignac de la composición de una obra escénica de corta duración para ser cantada, de tema libre y con una pequeña orquesta de 16 músicos. El 9 de diciembre el músico escribe a la princesa: "el tema lo encontrará usted leyendo el capítulo XXVI de la segunda parte de D. Quijote titulado El Retablo de Maese Pedro. La mecenas le responde entusiasmada y le apremia para que se ponga rápidamente a trabajar. Él obedece a las prisas de su amiga pero solo en lo que se refiere al libreto; otro cantar será la música porque hasta cuatro años más tarde no habrá completado la obra. Son estos años de mucha actividad para Falla, y de varios encargos: la ópera Fuego fatuo, la Fantasía Bética para piano y otros trabajos para guitarra. En esta época al músico le preocupa la búsqueda de técnicas, modelos y principios compositivos que le ayuden para evolucionar su lenguaje en el arte musical. El retablo... permite a Falla un encuentro con las pequeñas formaciones apartándose un tanto de los sinfonismos anteriores como El sombrero de tres picos y otras obras.

Para escribir El retablo... Falla no utilizará los recursos folclóricos aparecidos en otras composiciones como El amor brujo, las canciones u otras partituras. Sí, en cambio, retrocede en el tiempo y mira más hacia la tradición musical española. Tampoco quiere considerar esta pieza como una ópera de cámara, aunque incluya cantantes y pequeña orquesta. El retablo de Maese Pedro carece de calificativos, dado lo novedoso y extraño de su "armazón" o puesta en escena. Cuando las cortinas del teatrito de guiñol, propiedad de la Princesa de Polignac, se descorren, aparece el retablo iluminado por numerosas candelillas; junto a él se encuentra Maese Pedro, que llama la atención del público para que se acomode, quedando este oculto, a excepción de D. Quijote, cuyas largas piernas quedan a la vista y sus movimientos jugarán un papel importante durante el transcurrir de la historia que será precedida de una breve sinfonía u obertura.

Los personajes que relatan la acción son tres: Maese Pedro, tenor; el trujamán o persona que explica las escenas que están pintadas en el retablo será interpretado por un niño o mezzosoprano; y D. Quijote, que interrumpe en numerosas ocasiones el quehacer del trujamán, estará a cargo de una voz de bajo. Esta música de Falla marca un importante punto de inflexión en su obra y en su modo de componer. Su escritura se torna más clara y en su estilo se aprecia una mayor importancia en su objetividad expresiva, aunque se sirva de la recuperación de modelos musicales del pasado, que él utilizará de un modo muy libre. La acción transcurre en varios escenarios: la corte de Carlo Magno, Melisendra se encuentra en Zaragoza y también los Pirineos tienen su papel. Los protagonistas se mueven en estos escenarios, arropados por distintos telones que dan ubicación a los varios personajes, representados por marionetas, a excepción de los cantantes, que son seres reales. El retablo... se estrenó el 25 de junio de 1923; meses antes se hizo un preestreno en Sevilla. También se pudo ver 5 años después en Madrid, Clifton, Zurich y Nueva York.