Opinión

Venid también vosotros a descansar

Puede ser que alguna criatura de buena voluntad se encuentre de cara con quién le crítica el hecho de ser cristiano, con el que le pone mala cara o le sonríe con sorna cuando dices que eres creyente o vas a Misa, con el que no se le ocurre otra cosa que “insultar” a Dios con palabras malsonantes o con quién pretende negarle el pan y la sal en esta sociedad, como si no se tuviera derecho a vivir como creyente…, podría pasar.

Puede ser que alguna criatura de buena voluntad se encuentre de cara con quién le crítica el hecho de ser cristiano, con el que le pone mala cara o le sonríe con sorna cuando dices que eres creyente o vas a Misa, con el que no se le ocurre otra cosa que “insultar” a Dios con palabras malsonantes o con quién pretende negarle el pan y la sal en esta sociedad, como si no se tuviera derecho a vivir como creyente.., podría pasar.

Me consta que hay mucho sufrimiento por estos temas, gente que padece en el alma cuando le pasan estas cosas. A todos vosotros, hermanos, para todos vosotros os invito a pensar en las palabras del Señor de este domingo: “Venid vosotros conmigo, a un lugar aparte, para descansar un poco”. No pasáis desapercibidos a Dios, no; conoce vuestros sufrimientos, porque sabe de vuestra sensibilidad y os dará fuerza, os dará la Vida: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia", decía el Señor. Lo maravilloso es que Jesús no se olvida de los suyos, conoce las fuerzas que tenemos y sabe de nuestras penas; se porta como un Buen Pastor, no permite que nos falte nada y cuida con especial cariño de los más débiles. Pero es que el corazón de Dios es así.

Me viene a la memoria los gozos del V Encuentro Mundial de la Familia en Valencia, ¿recordáis?  Muchos medios de comunicación ya anunciaban que el Papa iba a venir a ponerle “las peras al cuarto al Gobierno”, que si iba a decir o iba señalar con el dedo los errores… y ya ven, vino a hablar de Dios, a anunciarnos la misericordia divina y la doctrina de la Iglesia acerca de la Familia, con sencillez, con toda humildad, pero desde la fuerza de la verdad y transparencia, ¡qué cosas más bonitas oímos y con qué claridad! El Papa no cayó en esa trampa que le tendió la prensa, tampoco se quedó en las anécdotas; fue a lo esencial, nos dijo lo que debíamos oír y nos animó a seguir trabajando esperanzados, confiando siempre en el poder de Dios. Digo esto, porque leeremos en la carta a los Efesios cómo nos presenta a Jesús: “Él es nuestra Paz, el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad”. Lo novedoso de su fuerza reconciliadora y unitiva está en su Cruz, gracias a su Cruz. Nada extraño, porque la cruz es señal del amor de entrega. No nos viene mal saber que la unidad, la paz, la alianza de civilizaciones se consigue con la fuerza de la cruz; es decir, cuando hay verdadero amor, como el del Señor. Todo lo que no vaya por este camino está condenado al fracaso. Que nadie se engañe, la cruz cuesta. Pero nos basta la gracia.

Este mes podría ser un tiempo propicio no sólo para descansar, sino también una oportunidad para poner en claro nuestras ideas y nuestro estilo de vida. Por ser cristianos debemos ser coherentes, auténticos y verdaderos, alegres y fieles, justos, honrados… no por aparentar, sino porque nos lo pide el Señor para poder hablarle a los demás. Ya se que me diréis que eso cuesta y no os equivocáis, ¡claro que cuesta! Preguntadle al Apóstol Santiago, al patrono de España, y veréis lo que os responde. Se dedicó a predicar a Cristo, se entregó por completo, sufrió, se fatigó, pero nos dejó el mayor de los tesoros que conservamos: la Fe. ¿Alguien quiere hacer un cálculo de los años que han pasado desde su predicación? Pues dos mil años después y conservamos la fe, la conservamos a pesar de la invasión árabe, de los intentos de desterrar a Dios de este pueblo, por causa de la ideología, la violencia y el martirio… y seguimos. La Santísima Virgen del Pilar nos ayuda a reconocer la fuerza de Dios, el amor de Dios y la generosidad de Dios, porque a Ella nos encomendamos siempre y los frutos de la fe han sido muy evidentes en esta tierra de hombres y mujeres muy grandes, verdaderos santos que siguen iluminando el camino.

Os confío al apóstol Santiago, San Joaquín y Santa Ana en este mes de julio y os pongo en las manos del Señor, bajo la protección de la Santísima Virgen del Pilar. Dios os guarde.