Jornada de oración por las vocaciones
Desde hace tiempo constatamos el grave problema de la falta de vocaciones con reacciones de todo tipo, desde el que se queda en lamentos y suspiros; al angustiado que piensa que no se puede hacer nada y se ha paralizado; hasta el que busca la mejor manera de llegar a los destinatarios de la invitación del Señor con un claro impulso misionero: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), conocedor de las garantías de que no le faltara la fuerza ni la ayuda: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).
Los resultados de un trabajo serio de evangelización son siempre visibles; el caso es que hay seminaristas y vocaciones a la vida consagrada y familias donde se vive la radicalidad de la fe… pero no busquen el por qué en las cualidades personales de los monitores, de los catequistas, padres o madres de familia, sacerdotes… No, eso puede ayudar, pero la razón está en que Dios ha tocado sus corazones, se les ha acercado en la experiencia de una fe vivida, personalmente o en comunidad. Recuerden cómo el mismo Señor Resucitado ayuda a salir de sus miedos y frustraciones a los dos discípulos de Emaús con algo tan sencillo y tan hermoso como: la apertura a la Palabra de Dios y con la Eucaristía, ¿han visto qué forma más bonita y eficaz?
Quien nos salva es Jesucristo, no la palabrería, ni nuestros métodos, discursos, sistemas y propuestas, no salva la política, ni la ideología, no salva al hombre el tener lo último, no. En estos días nos vienen muchos mensajes de “salvadores” que nos ofrecen la felicidad sin esfuerzo, el sentido de la vida con rebajas, la explicación y la solución de todos nuestros conflictos con sólo despegarse de Dios y expulsarle de este “paraíso terrenal”…, pero nadie responde luego de tus desencantos, a nadie les pidas explicaciones de las depresiones y frustraciones… sencillamente se olvidaron de ti, mientras están vendiéndole el humo a otros. No os engañéis y sed capaces de mirar en otra dirección. Dios nos toma mucho más en serio, porque mira y valora al hombre y no se cansa de ofrecerle su apoyo y su gracia. Cuanto más perdido, cansado y sólo te encuentres antes verás su mano sobre tu cabeza. Quien salva es Jesucristo. Las lecturas de estos domingos de Pascua nos hacen entender la fuerza del encuentro con el Resucitado y cómo se vive esta feliz experiencia. Te animo a dar el paso y a escuchar la voz del Señor, no puede ser más fácil: Palabra de Dios y Sacramentos son la clave. Para esta tarea sigue llamando el Señor, te necesita para ser bueno pastor y para que ayudes a los hermanos a descubrir o fortalecer la fe.
Es necesario ofrecer verdaderos ámbitos de fe en nuestras comunidades y en las mismas familias; transmitirles la fe a los hijos en casa, tener experiencia de vida cristiana… En la Diócesis os ofrecemos catecumenados de adultos, cursos de formación, las catequesis de las Comunidades Neocatecumenales, que os las propongo como un itinerario fantástico para la iniciación cristiana y que me gustaría que muchos podáis seguirlas y se consolidaran en nuestras parroquias; además de la A.C., de los Movimientos, Asociaciones… religiosos y religiosas, también los Monasterios de Vida Consagrada, en la Diócesis: Clarisas, Carmelitas, Dominicas y Agustinas. Rezad conmigo al Señor para que suscite chicos y chicas que quieran seguirle, testigos del Evangelio, discípulos de Jesucristo, heraldos del amor misericordioso de Dios, en la vida consagrada o en familia, aquí o como misioneros en otras naciones… Jesús, Buen Pastor, os bendiga y os conceda lo que le pedimos.