Gracias Señor Saramago, pero no

Hace días leía unas declaraciones de un literato de prestigio, que me llenaron de tristeza. Me parecía que sus palabras destilaban amargura y sus proposiciones no invitaban a la serenidad ni a la tolerancia, era como si deseara tener el poder de dividir el mundo en dos y, naturalmente, ya tenía elegida su parte, porque su único afán consistía en condenar, sin remedio, al resto. Esto, sinceramente, me causaba la tristeza.

Hace días leía unas declaraciones de un literato de prestigio, que me llenaron de tristeza. Me parecía que sus palabras destilaban amargura y sus proposiciones no invitaban a la serenidad ni a la tolerancia, era como si deseara tener el poder de dividir el mundo en dos y, naturalmente, ya tenía elegida su parte, porque su único afán consistía en condenar, sin remedio, al resto. Esto, sinceramente, me causaba la tristeza. Para ser un intelectual podría haber tenido un mínimo de respeto a los que no vemos la realidad como él. Tampoco me movieron sus palabras a tener que darle las gracias por su “paciencia”, que -según él- nos da carta de ciudadanía a los cristianos, por el hecho de ser creyentes. El Cristianismo tiene muchos más años que la ideología que él inspira.

Yo doy gracias a Dios todos los días porque en este mundo cabemos todos; porque, aunque existen muchos sufrimientos a causa de las violencias, las guerras, el hambre y los abusos…, aunque nuestro mundo es complejo y cambiante… el Cristianismo ha echado muchas y buenas raíces que nos llevan a creer que tenemos posibilidades para la paz. ¿Alguna vez se han preguntado cómo les gustaría que fuera el futuro?, ¿como un campo de batalla entre culturas? Espero que no, nosotros apostamos por un espacio donde todos nos reconocemos como hermanos y hermanas delante de Dios.

Si, Dios tiene su lugar, nos da su gracia y nos exige respuestas de amor. La primera lectura de este domingo muestra que Dios no está dormido, que nos empuja a trabajar en esa dirección de esperanza: “abriré caminos en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé…”(Is 43, 18-19.21-22ss) En la misma historia se nos enseña mucho, ved la experiencia del pueblo elegido como ejemplarizante, porque recibió muchas pruebas de la cercanía del Señor, aunque luego las olvidara: “tú no me invocabas, Jacob; no te esforzabas por mí, no me saciaban tus sacrificios, me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas…” Seguid leyendo y comprobad cómo nos desvela aún más el corazón de Dios, que a pesar de tanta infidelidad de su pueblo, Él permanece misericordioso y fiel: “Yo era quién por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados”…

Me parece claro que a la hora de elegir entre la agria opinión del literato que descalifica y expulsa de la sociedad, con juicio sumarísimo, sin conocer ni a las personas, ni a las instituciones y, por otra parte, elegir vivir en cristiano con las exigencias de Nuestro Señor que te invita a querer sin medida, incluso a los enemigos…, me quedo con la condición de cristiano. Para el primero no se concede el perdón, ya te ha condenado; los cristianos, sin embargo, no nos podemos quedar insensibles al amor divino que nos ha revelado Jesús, el modelo que nos seduce no lleva cuentas del mal, no busca su propio provecho, ni entra en competición con los “grandes de este mundo”… ha querido ser servidor de todos hasta la muerte… Un modelo de amor samaritano que se entrega sin medida. Un cristiano todos los días dice: “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” y “líbranos del mal”. Que Dios os bendiga.