La esperanza cristiana frente a la crisis de la sociedad

A los cuatro vientos se nos anuncia que viene un tiempo nuevo, el Adviento, un tiempo necesario para los cristianos donde saboreamos la novedad de Dios, la permanente presencia del Señor de la historia, para salvarnos del fatalismo al que nos están llevando los intereses humanos, los desaciertos de los que defienden un mundo sin Dios, el fracaso del secularismo y la oscuridad del deshumanizado relativismo. El tiempo del Adviento, inaugurado en este domingo nos ofrecerá la posibilidad de vivir la salvación en el momento presente de nuestra historia, en contacto con el eterno misterio de Cristo. La Iglesia, Maestra en humanidad, nos invita a contemplar nuestra situación actual para ofrecernos el más precioso tesoro que encierra en su corazón, la esperanza más viva: Jesucristo.

A los cuatro vientos se nos anuncia que viene un tiempo nuevo, el Adviento, un tiempo necesario para los cristianos donde saboreamos la novedad de Dios, la permanente presencia del Señor de la historia, para salvarnos del fatalismo al que nos están llevando los intereses humanos, los desaciertos de los que defienden un mundo sin Dios, el fracaso del secularismo y la oscuridad del deshumanizado relativismo. El tiempo del Adviento, inaugurado en este domingo nos ofrecerá la posibilidad de vivir la salvación en el momento presente de nuestra historia, en contacto con el eterno misterio de Cristo. La Iglesia, Maestra en humanidad, nos invita a contemplar nuestra situación actual para ofrecernos el más precioso tesoro que encierra en su corazón, la esperanza más viva: Jesucristo.

Todos los días leemos en la prensa, escuchamos en radio y vemos en televisión cómo se está viviendo la situación económica mundial, los jefes de estado se reúnen para buscar medidas, los expertos en economía nos aventuran malos tiempos, las naciones tiemblan porque se vienen abajo sus seguridades… el hombre de la calle se entera de esto cuando ve que su puesto de trabajo está tambaleándose, cuando no le llega el sueldo del mes, cuando la hipoteca se le hace muy cuesta arriba… y en estas estamos, en medio de una tormenta anunciada, desprotegidos y desconcertados, eso sí, un poco desconcertados, porque, a la vez, nos dan mensajes de lujos y despilfarros inútiles… ¿a qué atenernos dentro de esta esquizofrenia?

Solo la Iglesia se atreve a hablar de esperanza, sólo la Iglesia nos habla en lenguaje positivo; en medio de estos vacíos de futuro nos abre las puertas para que contemplemos al Salvador, al Redentor, "Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar" (Primer Prefacio de Adviento).  A una sociedad que anda sin rumbo la Iglesia le muestra al Mesías, al Señor… le dice que hay esperanza, que hay otros valores más importantes que el dinero, los negocios, las cuentas corrientes… que está el hombre, al que hay que salvar, que está Dios ofreciéndonos los bienes prometidos.

Si, efectivamente, debemos estar convencidos de que cuanto más precaria se hace la seguridad de los hombres tanto más fuerte y responsable se hace la esperanza de la Iglesia y su misión, se hace más necesaria la Palabra que anuncia la Iglesia y que abre caminos para la vida. La Iglesia ora con realismo ante las necesidades de los hombres, no pone “paños calientes”, ni adorna con lenguajes confusos el sufrimiento del prójimo. Por eso nos ofrece el mejor remedio para la crisis, para todas las crisis: Jesucristo. La tarea de los cristianos es ahora la de presentar al mundo la verdadera solución, presentar a Cristo, la experiencia vivida de la fe, la invocación sentida y sincera de una nueva venida del Señor en nuestra vida personal. Un monje oriental lo expresaba muy bien así: "Quien espera a Cristo se ilumina y se dilata en cada instante. Se dilata porque lo vemos que tiende hacia su plenitud. Se ilumina porque la presencia de Cristo proyecta ya sobre él la luz de una venida todavía más perfecta. El vendrá, vendrá de nuevo. Vendrá siempre hasta el momento de su venida en la gloria. El ya ha venido. Viene a nosotros en cada instante. Cada instante no tiene otro valor que el de esta venida y esta presencia de Cristo que el momento presente nos trae".  Ya sabéis vuestra tarea en este tiempo, predicar a Cristo con la palabra y con las obras e intensificad vuestra fe y confianza en Él. Somos de la verdad. Os bendice,