Opinión

¿Por qué?

Nos toca vivir ahora una época tan convulsa –en realidad, estábamos mal acostumbrados- que nos ha venido sin capacidad de reacción. Tanto “dolce far niente” para los abundantes ladrones de cuello blanco y corbata, y también tanto trabajo estresante y compulsivo para no dejarnos pensar. Viejo truco este último, conocido desde tiempos inmemoriales.

Nos toca vivir ahora una época tan convulsa –en realidad, estábamos mal acostumbrados- que nos ha venido sin capacidad de reacción. Tanto “dolce far niente” para los abundantes ladrones de cuello blanco y corbata, y también tanto trabajo estresante y compulsivo para no dejarnos pensar. Viejo truco este último, conocido desde tiempos inmemoriales. El poder deja exhausto al explotado para que no tenga fuerzas para pensar cómo salir de esa penosa situación. Hemos aceptado que nos hagan ERE, que nos bajen el sueldo, que nos suban muchos precios (por ejemplo, la gasolina), que nos aumenten las horas laborales, que donde antes trabajaban cinco, ahora lo hacen dos, deprisa y corriendo… y así. Pero no nos hemos preguntado el porqué.

¿Por qué los poderosos han hecho enfrentarse a los parados con los explotados que trabajan? ¿Por qué los mismos trajeados que nos roban llevándonos derechitos a la crisis económica son precisamente los receptores del dinero que les damos los robados? ¿O sea que, encima de expoliados, luego les tenemos que donar pingües propinas vía rescates? ¿Por qué los sacrificios no llegan a los que más ganan sino con cantidades ridículamente simbólicas? ¿Por qué, al revés que en otros países europeos, la gente no protesta colectivamente? ¿Por qué se juega siempre en el terreno de juego del capital? ¿Por qué se habla desde sus argumentos, con sus palabras, con lo cual el neocapitalismo salvaje juega con ventaja? ¿Por qué todo son frías cifras en lugar de acercarnos al drama humano de tantas gentes? ¿Por qué se ha conseguido que el más analfabeto emplee jerga economicista, que nada sabe del paro o de los salarios-basura? ¿Por qué sindicatos y partidos de izquierda –antaño tan radicales y demoledores- sacaban masas a la calle, con temas que ni les iban ni les venían, como la guerra de Irak o el “Prestige”? ¿Sólo porque estaba Aznar? ¿Por qué en cambio ahora todos los que pertenecen al poder –antes se decía derechas e izquierdas- aparecen bien hermanaditos y combalachados, representando la función de “El gran teatro del mundo”? Calderón de la Barca sobrepasado. ¿Por qué se ha formado una nueva clase dirigente, para conservar sus privilegios, y con la cual no van los retortijones de tripas que las progresivamente depauperadas clases medias sufren al apretarse el cinturón? ¿Por qué los sacrificios son para unos y no para otros? ¿Por qué no prima el esfuerzo y el mérito como ya venía en la consensuada ley de Educación que firmó la pepera ministra Pilar del Castillo, y que laminó Zapatero antes de entrar en vigor? ¿Por qué no se redacta con urgencia una ley para las grandes fortunas? Poderoso caballero es el dinero.

En cambio, dice la Resolution Foundation británica, la clase media del Reino Unido no recuperará sus ingresos hasta 2020, mientras que los ricos seguirán ganando cada vez más. Las clases medias se han convertido ya en el nuevo proletariado de la victoriana época de Dickens. Pero les da vergüenza reconocerlo. La época de capitalismo social, de una protección social derivada del “Plan Beveridge” al acabar la Segunda Guerra Mundial, ya es historia. Nos encaminamos hacia una nueva sociedad estamental de ricos y pobres. Dios quiera que esto no acabe en la revolución. En los terribles gulags soviéticos.