Paganini y el diablo

Niccolò Paganini (1782-1840) fue, además de un gran violinista, un excelente compositor. Tan gran violinista era que se decía en su tiempo, que el que tañía el instrumento no era en realidad él, sino el mismísimo diablo. Probablemente, el apellido hasta podría ser que tuviera que ver en su origen con el "pagamento", que es como los italianos llaman al pago.

Niccolò Paganini (1782-1840) fue, además de un gran violinista, un excelente compositor. Tan gran violinista era que se decía en su tiempo, que el que tañía el instrumento no era en realidad él, sino el mismísimo diablo. Probablemente, el apellido hasta podría ser que tuviera que ver en su origen con el “pagamento”, que es como los italianos llaman al pago. Este preámbulo cultural tiene que ver –y de qué manera- con la palabra que se ha sacado el humor español de la manga para denominar a todo aquel que paga religiosamente sus deudas y al fisco. Y ha salido a la palestra porque a día de hoy está muy de moda, pues es el chivo expiatorio de los amigos de lo ajeno, que ya no son solo los cacos con antifaz –tipo los “golfos apandadores” que querían robar el almacén de dinero del Tío Gilito-, sino también los abundantes de cuello blanco que, de una manera o de otra, se han hecho o se harán con los bienes de los demás, de los llamados “paganinis”.

Porque hoy en España van menguando aceleradamente aquellos que ni expolian ni son expoliados, sino que simplemente recogen el fruto de su trabajo bien hecho. El resto, o despluman o son desplumados. Lo que ocurre es que el Robin Hood es al revés. El Robin Hood de hoy roba a los pobres (lo poco que ya les queda) para dárselo a los ricos. El sheriff de Nottingham y Juan Sin Tierra cada vez tienen más botín encima de la mesa, mientras que se incrementa en progresión geométrica el número de los desposeídos. Y el fraile Tuck de hoy serían las Cáritas, Manos Unidas, Intermón… Para compensar el que no se escuchen demasiado potentes las voces de la cúpula eclesial ante este latrocinio. Y no se atisba tampoco al nuevo Ricardo Corazón de León, que debe de estar bien encadenado en las infernales mazmorras de Satanás.

El inmenso abismo que va a separar a los ricos y a los pobres (ya son todos los demás) va a ser de campeonato. Poco a poco, año a año, liándonos con las primas, con los bonos, con todas las estadísticas habidas y por haber, para que no nos demos cuenta de lo que nos hacen. Los artículos de lujo no han notado la crisis a peor. Hay más compradores. Los que la han notado a peor son los demás comercios y así, que se siguen viendo abocados a cerrar. Los pisos ni se venden ni se alquilan, pues el nieto recién casado o recién emparejado –como prefieran- y en paro, no recibe ninguna  ayuda, pues su progenitor no llega a mileurista ni de lejos, y con la exigua pensión del abuelo sí supera por un euro la media cobradora por miembro de la unidad familiar. Vamos, que no es lo suficientemente pobre para recibir subsidios. Habrá que esperar a que la familia se empobrezca más. Mientras, puede consolarse con la música de Beyoncé, aunque mucho me temo que se impondrá el violín de Paganini. Violín que tomará la forma de Satanás, Lucifer, Belcebú o Asmodeo. Los auténticos pillos de hoy.