¿Navidad para todos?

Fundamentalmente, la Navidad, a día de hoy, es el consumo desaforado. Sí, siguen dando ambiente para los niños los belenes, los árboles con guirnaldas, las luces por las calles… Pero nada de esas cosas resiste la comparación con la alegría de los mayores tras las compras. No hay más que ver la cara de enorme satisfacción de los portadores de bolsas navideñas a la salida de las tiendas o grandes almacenes.

Fundamentalmente, la Navidad, a día de hoy, es el consumo desaforado. Sí, siguen dando ambiente para los niños los belenes, los árboles con guirnaldas, las luces por las calles… Pero nada de esas cosas resiste la comparación con la alegría de los mayores tras las compras. No hay más que ver la cara de enorme satisfacción de los portadores de bolsas navideñas a la salida de las tiendas o grandes almacenes. Luego dicen que el consumo no da la felicidad.

Cuando el motivo de las celebraciones navideñas no es otro que el nacimiento del Niño Jesús, que vino a traer la verdadera paz a la tierra y a los hombres de buena voluntad (hoy no serían demasiados), no deja de ser curioso que nosotros conmemoremos esto gastando por todo lo alto. Más los que pueden, y sufriendo el resentimiento los que no pueden. Porque los que pueden son los que crean el ambiente que los que no pueden se tienen que tragar. El que vino a predicar contra la avaricia y contra la gula tiene que ver cómo sus criaturas celebran su venida al mundo precisamente con lo que él quería erradicar de la faz de la tierra.

Algunos dirán que lo que se celebra es el solsticio de invierno de antes del triunfo de Constantino el Grande sobre Majencio (312 d. J.C), y también de fuera del cristianismo. Pero el nacimiento de Jesucristo tomó ya carta de naturaleza hace muchos siglos, y sus bondades son mucho mayores que la envidia natural y, por supuesto, disculpable, de quien no puede disfrutarlo. Porque cada vez hay más gente que apenas puede disfrutar de nada. Los parados, que cada vez son menos porque cada vez hay menos trabajadores por cuenta ajena. El objetivo es llegar a cero trabajadores. Y así ya tenemos paro nulo y nos podemos presentar en Europa cumpliendo las instrucciones con la cabeza bien alta. Ni subidas de subsidios, ni de pensiones, ni nada de nada. Otro grupo son esos trabajadores cuando laboran por sueldos de miseria y cada vez más horas. La nueva esclavitud. En peores condiciones que los de la Revolución Industrial, que mejoraban y tenían esperanzas de mejorar aún más. Y mejoraron ¡Vaya si mejoraron!

Y no nos olvidemos de esas personas que por cuatro perras no pasan las fiestas en familia. Bomberos, policías, médicos y enfermeros de guardia, todo el personal sanitario de apoyo, retenes de protección civil… Mucha gente no puede pasar las Navidades con los suyos, algunos porque no tienen medios o son rechazados. En medio de las felices fiestas hay también muchas personas que las Navidades les provocan infinita tristeza. No estaría mal que nos acordásemos también de ellos.