La gran Zaragoza
Yo no sé si se ha caído en la cuenta de lo que significa el hecho de que Zaragoza haya alcanzado los 700.000 habitantes. Es un salto cualitativo de tal magnitud que supone que la capital del Ebro ha pasado a ser una gran ciudad a todos los efectos. A los estudiantes del extranjero –si es que en la aldea global existe ya el extranjero- no les va a quedar otro remedio que conocerla, y no sólo por el equipo de fútbol de antaño. Sí, ése que ganaba Recopas, Copas de Ferias (antigua Copa de la UEFA o Europa Ligue). ¡Qué tiempos aquellos!
Ahora se conocerá Zaragoza como una gran ciudad equiparable a Lyon; a Marsella; a Génova; a Stuttgart, a Hannover y a muchas ciudades de la cuenca del Rhin; a Manchester y a Liverpool. Todas ellas urbes en la misma franja de población que nuestra capital. Y vamos para arriba, pues es difícil que perdamos ese privilegio de encontrarnos en el centro del cuadrilátero más próspero de España (Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao).
Qué poco se imaginaban los soldados romanos de las legiones X, VI y IV que la Caesaraugusta que fundaban llegaría a ser la gran ciudad de hoy. Los profesores Guillermo Fatás y Miguel Beltrán Lloris aclaran en la Historia de Zaragoza editada por el Ayuntamiento y la CAI que la población inicial estaba compuesta por indígenas de derecho romano (íberos y celtas, además de los propios legionarios itálicos).
Así, la Caesaraugusta romana ya nada tenía que ver con la Salduie celtibérica, y acogía –como se decía antes- 20.000 almas. Población que seguía manteniéndose en la época de los Reyes Católicos después del esplendor taifal. Hacia 1458 ya tenía 25.000 habitantes, conociéndosela por la “Florencia española”, dada la profusión de torres que engalanaban sus azules cielos batidos por el cierzo. A partir de entonces su población no hizo sino crecer, ayudada también por los numerosos franceses que vinieron en el XVII a consecuencia de la Fronda. En 1725 ya tenía 30.000 habitantes, y en 1787, en el censo mejor elaborado hasta entonces, 42.600.
Llegando a Los Sitios con unos 55.000, fue tal la masacre que la ciudad quedó con 12.000 habitantes, que remontaron hasta los 60.000 a mediados del XIX. Dada su demostrada vitalidad se alcanzaron los 100.000 a principios del XX. Yo estudié en los 60 una Zaragoza con trescientos y pico mil que aumentaban en progresión geométrica hasta los 600.000 de 1980. Después del estancamiento vegetativo, gracias a los inmigrantes y a sus hijos hemos alcanzado ahora los 700.000. He pormenorizado los tiempos y las cifras para que nos hagamos idea de lo que ha sido la pujanza de la ciudad desde Los Sitios. Una pujanza que, al alimón con las ciudades-dormitorio, no hará sino crecer hacia la gran metrópoli.