Opinión

¿Gente buena o mansa?

Me encuentro mucha gente buena todos los días, pero la encuentro apagada, sin energías, conformista, “Dios proveerá”, sin ganas de luchar para salir adelante. ¿O sin herramientas para hacerlo? ¿Será quizá porque son buena gente? O además algunos son tan mansos (o comodones) que pretenden que sean otros los que les saquen las castañas del fuego. Porque los que hoy, en plena crisis ganan más (hay bastantes) tienen las manos libres para robar lo que quieran.

Me encuentro mucha gente buena todos los días, pero la encuentro apagada, sin energías, conformista, “Dios proveerá”, sin ganas de luchar para salir adelante. ¿O sin herramientas para hacerlo? ¿Será quizá porque son buena gente? O además algunos son tan mansos (o comodones) que pretenden que sean otros los que les saquen las castañas del fuego. Porque los que hoy, en plena crisis ganan más (hay bastantes) tienen las manos libres para robar lo que quieran.

Robar es coger un pedazo mayor de tarta común en un momento en que se nos piden sacrificios. Como vemos, también abundan los espabilados (es una manera caritativa de llamarlos) que, aprovechando de la ingenuidad de los demás, les roban con el beneplácito de los que mandan (no todos). Y como roban, claro, se hacen ricos (los más). De tal manera que cuando acaba la crisis (no sabemos cuándo), la estratificación social y los integrantes de algunos de estos estratos habrán cambiado por completo. Lejos quedan las concepciones históricas de las clases sociales. Hoy no existen más que la plutocracia (los ricos) y luego, todos los demás, que se encaminan a la pobreza (más o menos disimulada) o se quedan en ella. La desaparición progresiva de las clases medias acomodadas es un hecho. Y es que se han dejado hacer. Reverencia al poder, credibilidad increíble ante las reiteradas mentiras de la gente de la pomada opulenta, quizá restos de una mansedumbre genética –que no se da en otros países- proveniente de la tragedia de nuestra guerra civil. Todo se ha aunado para hacer de la crisis económica española algo más grave que la de otros lares. No hay reacción.

Faltan líderes porque durante demasiadas décadas se ha creado una sociedad acomodaticia y demagógicamente igualitaria que ha impedido contar con una clase política de categoría que hubiese podido atenuar los devastadores efectos de la crisis. No es fácil que salgan líderes echados para adelante para enfrentarse a ella. Porque aquí, más que en otros lugares, los “echaos p´alante” suelen ser mala gente, que nos van a expoliar más cada día. Mientras que la buena gente… pues a verlas venir.

Decía el escritor, orador y político inglés del XVIII, Edmund Burke, que “lo único necesario para que el mal triunfe, es que la gente buena no haga nada”. El mismo Napoleón tenía claro que para gobernar había que rodearse de mala gente, porque la buena gente, no sirve. La historia le ha dado la razón. Aún hoy en día. ¡Hay que ver cuánto dura en política la gente mala, y qué poco la buena, que ni ellos ni el sistema son capaces de conectar! Pero pensándolo a fondo no tendría por qué. La misma crisis económica no la ha provocado precisamente la buena gente. Que está obligada reaccionar y… a luchar. Aunque parezca un contrasentido.