¡Repetimos!
Ahora que se nos vuelve dulzón el aire que respiramos, ahora que el recuerdo suena a esperanza que espera, llega hasta nuestras manos este informe demoledor, que nos muestra la preocupante tendencia que manifiestan, los resultados académicos que produce el sistema de enseñanza actual.
Hablamos de porcentajes muy altos de repetición de curso, que debieran preocupar muy seriamente a quien ostenta responsabilidades educativas en la comunidad, a menos que las detente.
Hablamos de un grupo no pequeño de escolares concernidos, como si de una generación “tocada por una nueva marca” se tratara. No son un síntoma, ¿o sí? Hablamos de resultados, y no son los apetecibles.
El reconocimiento de la realidad constituye la primera premisa para su transformación, si fuere necesario. Y me da que lo es. Simplemente, con un planteamiento en clave de futuro, el hacia dónde vamos, no hace falta ser profeta: de terrenos secos frutos yermos. Algún que otro cactus se atisba, aunque sea cabezón, pero poco más.
¿Y qué nos ha traído hasta aquí?, impertinente cuestión que aflora en cualquiera dada circunstancia, pero es que esto no es flor de un día o un resultado accidental. La cosa ha ido creciendo, un poco entre todos la tenían, al amparo de un proteccionismo desmesurado que se ha convertido en signo de la pedagogía actual, y no me refiero a la docente.
No resulta de extrañar que, en nuestro país vecino, Francia, y en el que nos miramos poco, desgraciadamente y peor para nosotros, acaban de proponer que los chavales vayan al colegio sin sus móviles. Y ello en virtud de una doble preocupación: la educación y la salud de los franceses del mañana.
Un buen binomio éste, de educación y salud, que debiera también servirnos a nosotros para transformar una sociedad que languidece con tanta repetición. Y por no hablar de otros informes. Como el que señala que, por tercer año consecutivo, en nuestro país, morimos más que nacemos. Pues eso, que nos estamos acostumbrando a repetir, como con aquel postre de nuestra más tierna infancia.