Macron ha ganado en Francia y esto, a priori, es una buena noticia para España y para Europa. La otra opción de voto que tenían nuestros vecinos representaba el regreso a las cavernas, a la oscuridad que hace no mucho dominaba Europa. Ahora bien, no podemos obviar que los buenos resultados obtenidos en nuestro continente por el FN y otros partidos, tanto a la derecha como a la izquierda, todos ellos fascistoides (y por ello, en el fondo, todos de izquierdas) y el agotamiento de los partidos tradicionales, vislumbra, desgraciadamente, el regreso a Europa (para quedarse) de corrientes políticas contrarias al único sistema que, con sus fallos, muchos corregidos, ha traído progreso a la humanidad: el liberalismo. Heredero éste de las ideas protestantes, del humanismo, de la ilustración, el liberalismo clásico y sus principios básicos, libertad, laicismo e igualdad ante la ley, han inspirado toda la (r)evolución industrial, científica, sexual y comercial de la humanidad ocurrida en estos últimos dos siglos, los de máximo avance en el millón de años más menos que llevamos por aquí.
Si a este liberalismo clásico lo salpicamos con algunas ideas y políticas provenientes de las “izquierdas” (contrapeso necesario como la historia nos muestra para darle estabilidad y cohesión y justicia “social” al sistema liberal), básicamente la existencia de un Estado que ofrezca y asegure unos servicios y prestaciones mínimas a toda la población independientemente de sus ingresos y que también garantice y controle el orden y la aplicación de la ley en la sociedade intervenga en la economía lo suficiente (y no más) en aras de tratar de evitar y/o corregir el colapso de ésta (algo que se ha demostrado inevitable cada ciertos años), tenemos el mejor sistema que ha inventado el hombre en términos de generación de riqueza y de empleo, de redistribución de aquella, de convivencia pacífica en sociedad, de avance de la ciencia y de la cultura y de respeto y desarrollo de los derechos (y obligaciones) individuales.
Y esto, sobre el papel, es el socioliberalismo. Un sistema cuyo vértice lo conforma lo liberal (preeminencia de la propiedad e iniciativaprivadas, defensa a ultranza de la libertad individual y de empresa, del progreso social constante, del fomento y premio al esfuerzo individual y el emprendimiento,…) y al que le sigue, como estela necesaria, un Estado que controle y reprima los desmanes a los que tendemos los seres humanos (entre los que habrá que incluir la vagancia y el querer vivir del Estado haciendo poco o nada) pero sin entrar en ningún caso en la esfera individual de la persona ni participar de modo protagonista en la economía del país para que, de ese modo, los individuos (que no la gente: rebaño o masa informe de individuos) y la actividad económica, puedan desarrollarse al máximo, sin cortapisas, con el único límite de respetar la libertad del otro y las leyeslaborales y económicas de mercado. En definitiva, el Estado como medio no como fin.
Dicho esto, es necesario recordar que el socioliberalismo no es un sistema utópico. No busca un mundo perfecto, imaginario e irreal. Parte del ser humano y de sus defectos y sobre éstos crea un sistema que respete su naturaleza y le dirija hacia los objetivos que venimos apuntando. Por ello, seguirá habiendo ricos y pobres, guerras, empresarios malvados, empleados improductivos, gente que quiera vivir del cuento, crisis periódicas,…, ningún sistema va a erradicar al 100% estos males (de hecho, cualquier otro los intensifica y cronifica mucho más) pues como el aire, la lluvia o el sol forman parte de la vida pero, sin duda, es el que más y mejor puede controlar y corregir dichos defectos así como asegurar y garantizar las mayores cotas de libertad, progreso, riqueza,y desarrollo tanto individual como colectivo de una sociedad.
La victoria del socioliberalismo en Francia espero que implique su conocimiento y paulatina extensión en nuestro país como opción política real de gobierno y con ello vayan desapareciendo tanto la derecha (cacique, conservadora, paleta y “señoritonga” que saquea y se aprovecha de los recursos públicos para hacer negocio) como la izquierda (dogmática, totalitaria, sectaria, de pensamiento único, la de la cultura de la improductividad, la del franquismo como modo de legitimarse ella misma, la que propugna el odio o el menosprecio a España o al rival político,la que apoya a partidos cantonales que sólo desean la destrucción del país, la que favorece el paro y la subvención como medio de vida y la que presume tontamente de un buenismo y de una supuesta superioridad moral absurda) tradicionales, que tanto daño hacen y tanto limitan a este país en su unión, progreso, solidaridad, cultura y riqueza.