Siguiendo el análisis de los pecados capitales hispanos (no tienen por qué ser siete) toca el turno del caciquismo, ese gran producto español. ¿Y cómo definiríamos al caciquismo? Fácil y de público conocimiento: aquel sistema político y social en el que existe una intervención abusiva de una persona (o partido político) la cual se sirve de su poder e influencia con el espurio fin de obtener un resultado o provecho propio.
El caciquismo, rescoldos del feudalismo medieval, ha evolucionado desde los pucherazos electorales y las formas chulescas y deleznables de esos caciques del XIX hasta un caciquismo digamos evolucionado, primero en su versión 2.0 durante el XX y especialmente durante el franquismo, el cual se perfeccionó e incluso se institucionalizó bajo la forma del caudillismo y que expandió sus tentáculos eficazmente por todo el territorio nacional y en la 3.0 actual en la que los grandes partidos políticos (los de toda la vida y los de la nueva política con coleta) de ámbito nacional o regional actúan como grandes aparatos caciquiles.
Todos estos partidos y sus aparatos nacionales, regionales y/o locales se caracterizan por defender sus intereses por encima incluso de los del país (lo vemos estos últimos meses) y ejercer el poder con un claro objetivo de enriquecimiento personal y/o de dominar y dirigir al pueblo y a la economía que administran. Ellos son los jefes del rebaño y del cotarro, a los que hay que agradecerles la vida y la comida y así nos lo hacen creer (y lo logran). ¿Y qué consecuencias trae esto cuando se inocula y cala en la sociedad? La pasividad, la ignorancia, el conformismo, el estancamiento y la falta de emprendimiento (con la consecuente pobreza económica, cultural e intelectual) de la sociedad y de los individuos que la forman quienes acaban cediendo su libertad al cacique/Estado quien, como contrapartida, debe ser quien le alimente, subsidie y proteja de todos los males presentes y futuros (lo que mantiene y perpetúa el círculo vicioso). Algo terrible y pernicioso en una sociedad y que explica el secular retraso y pobreza de España en comparación con otros países de Europa.
No podemos concluir esta breve exposición sin comentar la variante regional del caciquismo el cual toma forma y se plasma en los partidos antes regionalistas/nacionalistas y hoy muchos de ellos directamente independentistas (su evolución obvia y natural), los cuales aparte de padecer los mismos defectos arriba apuntados (lo que demuestra una vez más su profunda españolidad) han aprovechado y siguen aprovechando el franquismo en su beneficio haciéndonos creer (con la necesaria complicidad de Psoe y en menor grado del PP) que defender el interés común y la unidad de España y de los españoles es algo de franquistas y de fachas asquerosos y deleznables cuando, al revés, lo que ellos propugnan es el egoísmo (sino la superioridad y el privilegio) de unas regiones sobre otras, ridiculizando, denigrando y criminalizando casi la idea de Españay de la unidad, defensa, fraternidad e igualdad (principios básicos de los muy “fascistas” estados francés, alemán o estadounidense) entre españoles.
Para ellos (y para muchos socialistas y podemitas, quienes consciente o inconscientemente le hacen el trabajo sucio a los nacionalistas y actúan como tontos útiles de éstos, a lo mejor como manera de legitimarse en el poder a través de la oposición como principio de todo aquello que defendiera el franquismo ya fuera bueno o malo), defender España, sus símbolos, historia, hazañas y logros y la igualdad entre nosotros es algo propio de fachas y/o centralistas y así se lo venden a su electorado y al resto de españoles y muchos, como tontos, pican el anzuelo. Y yo me pregunto...¿qué país o sociedad no defiende su unidad y lo suyo frente a los demás, potencia lo positivo y trata de minimizar si no ocultar lo negativo? Y, ¿qué clase de sociedad, como la nuestra, es aquella que hace lo contrario? Débil, acomplejada y absurda. Y así seguimos, siendo un país débil, en gran parte porque en este país los caciques y el caciquismo en cualquiera de sus vertientes son todavía eje de nuestra sociedad.