Opinión

Esta España nuestra (I)

Hace unos días me encontraba leyendo un artículo en un diario electrónico de ámbito nacional (de Madrid, vamos) que hablaba de uno de los muchos logros científicos de la humanidad (en este caso de astronomía) que, afortunadamente, día sí día también aparecen en prensa. Una vez leída la notica y orgulloso del ser humano que hasta hace cuatro días creía que la Tierra era el centro del Universo y los eclipses eran algo divino, como siempre suelo hacer, le eché un vistazo a los comentarios que, sobre la noticia, efectuaban sus lectores.

Hace unos días me encontraba leyendo un artículo en un diario electrónico de ámbito nacional (de Madrid, vamos) que hablaba de uno de los muchos logros científicos de la humanidad (en este caso de astronomía) que, afortunadamente, día sí día también aparecen en prensa. Una vez leída la notica y orgulloso del ser humano que hasta hace cuatro días creía que la Tierra era el centro del Universo y los eclipses eran algo divino, como siempre suelo hacer, le eché un vistazo a los comentarios que, sobre la noticia, efectuaban sus lectores. Uno de ellos se lamentaba de que todo el dinero gastado en dicha investigación no iba destinado a ayudar a la gente que se muere de hambre o pierde su piso… comentario muy típico por otra parte en esta España nuestra y que me dio pie a escribir este pequeño y modesto artículo de opinión.

Reconozco que voy a ser polémico (una vez más) para lo que es el pensamiento imperante en España desde hace décadas, pero el modo que tiene mucha gente en mi país de afrontar la realidad me deja desolado. Como defensor del pensamiento liberal con tintes sociales (la crisis de1929 demostró que el ser humano sin cierto control estatal se dirige hacia la destrucción), considero que deben existir unas leyes básicas que respeten la libertad y los derechos básicos de cada individuo (el individuo incluso por encima del Estado) que habrán de limitarse para evitar penetrar en la esfera de libertad y derechos de otro ser humano (un clásico, vamos, que protege la Constitución del 78, una de las mejores del mundo libre, y que algunos quieren saltar por los aires). Fuera de esas leyes básicas y como principios que deben regir una sociedad sana deben auspiciarse leyes (y unos poderes y justicia que las apliquen y hagan aplicar a la fuerza si es necesario) que aseguren el orden, la justicia y la convivencia de las personas en relación a todos los ámbitos de sus vidas (familiar, laboral, empresarial,…) y, yendo más allá, por supuesto, debe existir un Estado que asegure unos MÍNIMOS vitales indirectos para las personas: transporte, educación, sanidad, justicia... y que proteja al débil de ser comido y aplastado por el fuerte.

Dicho esto, no puedo estar de acuerdo en que haya un Estado, que muchos defienden, que sea el papá, la mamá y la abuela de la gente pues eso, a medio plazo, genera conformismo y a medio-largo plazo pobreza para todos, que es como han terminado y terminan todos los países basados en sistemas, digamos, de izquierdas (y cuanto más de izquierdas es un país más pobre es y no lo digo por ideología sino que es algo empírico como que el llover moja). Desigualdades y gente que lo pase mal es algo que forma parte de la vida. Es como el cierzo que padecemos estos días que molesta tanto pero que no podemos eliminarlo. Y el Estado debe tratar de mitigar esas desigualdades y ayudar (al principio) a la gente que se queda sin nada pero no puede ser un Estado que mantenga directamente y a medio-largo a las personas (CAPACES) ni que le saque de todos sus apuros en la vida (la libertad implica equivocarse y los errores deben ser asumidos por el que los comete; ¿es justo que el Estado, es decir, que todos debamos asumir el error o fatalidad de alguien?). El beneficio e interés común debe estar por encima de una minoría que lo puede pasar mal. Si no fuese así, y todos los recursos del Estado se empleasen en mantener, en amamantar al pueblo, nadie produciría y si nadie produce no pueden crearse las bases para que exista la ciencia y en general el progreso (el progreso económico, necesario y previo para que pueda darse el progreso social del que tanto hablan los socialistas y que por supuesto que es positivo pero sin dinero que lo mantenga…).

En conclusión, es absurdo el comentario de aquel lector. Las personas y por extensión los Estados, por supuesto, deben preocuparse y ayudar a los demás de modo eficiente (sin tirar el dinero) y con tres límites claros: cuando hacerlo puede perjudicar al que ayuda (porque al ayudar él entrara en situación de necesidad o de quiebra si hablamos del Estado), al ayudado (porque se convierte en un ser mantenido e improductivo) o a la sociedad porque por mantener a mucha población improductiva, los recursos para evolucionar y progresar económica y socialmente desaparezcan. Sin respetar estas cuestiones, todo es un desastre.