Los Teatros Iris y Fleta de Zaragoza. El tenor Miguel Fleta

El Teatro Iris fue uno de los más populares en el segundo tercio del siglo XX. José Blasco Ijazo, cronista de Zaragoza, dijo que aquel ‘vino como quien lava’, y, efectivamente, ese escenario de representación se erigió entre las calles del Azoque y Ramón y Cajal, frente al Hospital de Nuestra Señora de Gracia, sector de los lavaderos públicos de Castelví, dotados de varias balsas y tendidos de ropa y cuya titular era su viuda Ramona Boada.

El Teatro Iris fue uno de los más populares en el segundo tercio del siglo XX. José Blasco Ijazo, cronista de Zaragoza, dijo que aquel ‘vino como quien lava’, y, efectivamente, ese escenario de representación se erigió entre las calles del Azoque y Ramón y Cajal, frente al Hospital de Nuestra Señora de Gracia, sector de los lavaderos públicos de Castelví, dotados de varias balsas y tendidos de ropa y cuya titular era su viuda Ramona Boada.

Así las cosas, en ese medio rural se emplazó el Teatro Iris, al tiempo que se llamó ‘Iris Park’ al complejo que comprendía ese centro dramático, el cine, el parque y salas de baile y patinaje. Todo ello gestionado por los hermanos Elías y José María Aventín –especialistas en espectáculos– y Mariano Sánchez, empresario del Circo Price de Madrid. 

El mismo autor, Blasco Ijazo, manifestó que ‘siendo joven, se vistió de viejo’, aserto que justifica el que las instalaciones tenían carácter provisional, dado que el techo estaba cubierto por un toldo y luego por uralita; las butacas procedían del Teatro de la Comedia de Madrid; los graderíos de madera, de la plaza de Toros de Huesca; parte de la guardarropía, del Principal; el telón era originario del Parisiana; etcétera. Era, ciertamente, viejo antes de su estreno.

La primera compañía que representó una obra fue la del maestro Penella, el 10 de julio de 1931, con el espectáculo ‘Aquí hacen falta tres hombres’, muy bien acogido por el público, especialmente en verano. Durante la Guerra Civil española se realizaron algunas representaciones –junto con otras celebradas en el Principal–; y a su conclusión, la propiedad del Iris pasó a la empresa Parra, la cual mantuvo su actividad hasta el 24 de octubre de 1953.

Por el escenario del coliseo –dotado de un aforo de 2.300 personas– pasaron compañías del arte de dramas y comedias, de variedades, líricos, poetas, pianistas y tenores. Algunos de ellos fueron el divo aragonés Miguel Fleta, el pianista Julián Semprini, la danza clásica de Montecarlo; zarzuelas tipo ‘Luisa Fernanda’, ‘La Dolorosa’, ‘Doña Francisquita’ y tal. Hasta hubo temporadas de circo con fieras, expuestas en el Parque.

Después de una visita de la Junta Provincial de Espectáculos al complejo de entretenimiento a principios de los años cincuenta, este tuvo que llevar a cabo notables mejoras. En ese sentido, se abordó un proyecto dirigido por el arquitecto José Yarza García para mejorar el coliseo y albergar un cine, un hotel, viviendas, garajes, etc.; mas solo se ejecutaron parte de esas tareas.

Tras las obras, el 24 de febrero de 1955 se abrió el Teatro Iris con el espectáculo del grupo ‘Raza Aragonesa’, con Isabel Zapata y su hijo Andrés Céster Zapata, y el cuadro ‘Romería en Aragón’, de Pedro Galán Bergua y el maestro Araiz, según dice Amparo Martínez en ‘Artigrama 14’, 1999. Al día siguiente actuó Rosario y su ballet de Arte español. Posteriormente se proyectaron películas como ‘Marcelino pan y vino’, dirigida por Ladislao Vajda, y ‘Muerte de un ciclista’, de Juan Antonio Bardem. El nuevo teatro-cine conservó el título primigenio hasta el 26 de mayo de 1958, fecha de cambio de denominación por el de Teatro Fleta, en honor al ilustre tenor aragonés que había actuado en el coliseo en la primavera de 1935.   

La última película que pudo verse en dicho centro de arte y ocio fue el 14 de enero de 2000, cuando el debate político y social sobre el futuro del teatro-cine estaba latente. El edificio fue catalogado en 1986 por el PGOU de Zaragoza y el Gobierno de Aragón lo adquirió en propiedad en diciembre de 1998. Poco después, el arquitecto Basilio Tobías ganó el concurso de rehabilitación. Desde entonces, los cambios de proyecto han sido constantes.

Por último, y en memoria de Miguel Fleta, añadimos una breve reseña de su biografía:

Miguel Burró Fleta, su verdadero nombre, nació en Albalate de Cinca en 1897 y fue el menor de catorce hermanos. En su pueblo perteneció a la rondalla y las primeras lecciones musicales las recibió de su padre y de Lázaro Uriol, logrando el primer premio en 1917 en un concurso de jota celebrado en Villanueva de Gállego.

Viajó a Barcelona para estudiar música en el Conservatorio de Isabel II, y allí conoció a la profesora belga Luisa Pierrick, que sería también su compañera hasta 1926 y madre de dos hijos. Más tarde, Miguel se trasladó a Milán, en donde completó su formación, y debutó el 14 de septiembre de 1919 en el Teatro Giuseppe Verdi de Trieste en la ópera ‘Francesca da Rimini’, de Riccardo Zandonai.

Al cabo de unos años, en 1923, se estrenó en el Metropolitan de Nueva York, y así continuó por el resto del mundo, con actuaciones líricas en los principales coliseos de Europa, China e Hispanoamérica. En su repertorio sobresalen las óperas de ‘Aida’, compuesta por Giuseppe Verdi, y ‘Carmen’, de Georges Bizet, que cantó en su estreno en el Liceo de Barcelona.

Buena parte de los discos grabados se centran en actuaciones operísticas; verbigracia, ‘La Bohème’ y ‘Tosca’ de Giacomo Puccini, amén de las ya citadas arriba; si bien son notables las zarzuelas de ‘Doña Francisquita’, con música de Amadeo Vives, y ‘Marina’, del maestro Emilio Arrieta; al igual que los géneros musicales de jotas, himnos, nanas y aires populares.

Otra aportación artística del aragonés fue la de actor en varias películas. La primera, realizada por Antonio Tramullas en 1925, tiene el título de ‘Miguel Fleta en los jardines del chalé de los señores Pie-Sopena’, rodada en Huesca. Cumplidos dos años, actuó en ‘La boda de Miguel Fleta’, celebrada en la iglesia de San Esteban (Salamanca) y dirigida por Hernández Girban y García Conde. La última fue ‘Miguelón’, de tipo costumbrista, con la dirección de Adolfo Aznar.

De su dilatada actividad profesional, destacamos la ópera y sus interpretaciones como Don José en ‘Carmen’ y Radamés en ‘Aída’. Miguel Fleta falleció por enfermedad en La Coruña el año 1938, cuando España estaba inmersa en la triste contienda bélica.