Teatro de Comedias del Hospital de Zaragoza

Los zaragozanos han tenido desde antiguo gran afición a las representaciones públicas, como lo demuestra el Teatro Romano erigido en el siglo I, sito en el Casco Antiguo, entre las calles Verónica y San Jorge, con un aforo de 6.000 personas cuando la población estimada era de 18.000 habitantes. Posteriormente, se realizaron actuaciones frecuentes de cómicos y artistas en las plazas de los pueblos y en las puertas de las iglesias. De hecho, las actuaciones anuales del Nacimiento de Jesús por Navidad en La Seo y en la catedral de Huesca fueron célebres en el ámbito nacional desde finales del siglo XV. Pese al éxito logrado en algunos casos, la Iglesia prohibió los actos a causa del escándalo general que provocaban en las cercanías de los templos. 

A continuación, en Zaragoza se iniciaron las gestiones pertinentes para la construcción de un teatro permanente, al igual que otros ya lo eran en varias ciudades de España, y ese proyecto se puso en marcha en 1589 con el nombre de ‘El Corral de Comedias del Coso’ –según datos del Ayuntamiento–.  Fue auspiciado por la Sitiada (Junta de Gobierno) del Hospital y el plácet del Consistorio en cuanto a la cesión de los terrenos y las autorizaciones. Los resultados fueron muy positivos, con pingües ingresos, lo que influyó en el interés por la edificación de un coliseo definitivo.

Así, en 1773 concluyeron los trabajos del ‘Teatro de Comedias del Hospital’, próximo al emplazamiento del Hospital de Nuestra Señora de Gracia –en donde hoy está ubicado el Banco de España–. La fábrica se asemejaba a un verdadero teatro, con lunetas (asientos preferentes colocados en filas en la planta baja y frente al escenario), palcos, galerías y cazuela (la parte más elevada del teatro); y en él se interpretaban numerosas obras literarias: por ejemplo, de clásicos tipo Lope de Vega, Calderón de la Barca y Shakespeare; actuaciones musicales con la tonadillera ‘La Caramba’ y un largo etcétera. Todas, en general, contribuyeron a paliar el déficit económico del centro sanitario.

A pesar del interés manifestado por autoridades y público en general por dicho teatro, tristemente tuvo una corta duración. El 12 de noviembre de 1778, un incendio de grandes dimensiones redujo el inmueble a cenizas y causó un número elevado de víctimas mortales, ochenta en total, muchas de ellas a causa de los efectos del pánico y la confusión. Entre las víctimas se encontraban el capitán general Antonio Manso Maldonado y el conde de Argillo.   

En el momento del acontecimiento se estaba representando un trabajo del género cómico por una compañía italiana que estaba de gira recorriendo España. Se ejecutaba la obra ‘La Real Jura de Artaxerxes’ de Antonio Bazo Furmento, y si bien al principio se pensó que el fuego formaba parte del espectáculo, enseguida se generó un caos en el recinto del teatro. El edificio se destruyó por completo y la conmoción en la población duró largo tiempo.

Transcurridos doce años se retomaron las actuaciones teatrales. Las primeras se interpretaron en una casa de Manuel Oña, en la calle Gabriel Zaporta; más tarde, en La Lonja, donde se improvisó un teatro con madera y cañizos; y finalmente en los Graneros de la ciudad, junto al Coso, propiedad del Ayuntamiento.

Con esos precedentes se construyó el Teatro de Comedias del Ayuntamiento, hoy Teatro Principal, en el lugar que ahora ocupa el actual, y la primera función tuvo lugar el 25 de agosto de 1799.

A modo de recuerdo, añadimos una obra representada en el Coliseo del Hospital:

Coplilla ‘La Caramba’

La más famosa tonadillera española del siglo XVIII, la granadina María Antonia Vallejo Fernández (Motril, 1720 – Madrid, 1787), debe su nombre artístico a la canción escrita por su maestro Estévez, quien hizo para ella la música y la letra:

Un señorito muy petimetre
Se entró en mi casa cierta mañana
Y así me dijo al primer envite:
‘Oiga usted: ¿Quiere usted ser mi maja?’
Yo le respondí con mi sonete,
Con mi canto, mi baile y mi soflama:
¡Qué chusco que es usted, señorito!
Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!
¡Que si quieres, quieres, ea!
¡Vaya, vaya, vaya!
Me volvió a decir muy tierno y fino:
‘María Antonia, no seas tirana,
Mira niña, te amo y te adoro,

Y tendrás las pesetas a manta.
Yo le respondí con mi sonete,
Con mi canto, mi baile y mi soflama:
¡Qué chusco que es usted, señorito!
Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!
 

NOTA: en aquel tiempo se hizo muy popular el estribillo ‘Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!’.