Origen del cine en Zaragoza. El Palacio de la Ilusión y el cine Latino

La proyección de las primeras películas en Zaragoza, a finales del siglo XIX, constituyó una oferta innovadora en el mundo del espectáculo, y complementó el creciente interés del público por el teatro, el género chico, el circo y los modernos cafés que se extendían por el interior de la urbe.

La proyección de las primeras películas en Zaragoza, a finales del siglo XIX, constituyó una oferta innovadora en el mundo del espectáculo, y complementó el creciente interés del público por el teatro, el género chico, el circo y los modernos cafés que se extendían por el interior de la urbe. Ese momento crucial de la farándula coincidió con otros aspectos también importantes que ya han sido tratados por el autor en artículos precedentes, tales como, por ejemplo, la producción de gas y electricidad, la implantación de las primeras industrias y el funcionamiento de ferrocarriles y tranvías. Otrora, la metrópoli aragonesa era un hervidero de iniciativas de toda índole y de gran relevancia.

La primera proyección de imágenes en la capital se llevó a cabo el 28 de junio de 1896 en el Teatro Principal con un ‘Kinetógrafo’, aparato similar a un tomavistas, que convirtió a la ciudad en una de las pioneras de España. Ese acontecimiento evolucionó hacia la proyección de fotografías en movimiento –en el paseo de la Independencia, n.º 27–, y se utilizaron cosmoramas, dioramas y estereoscopios. Todo ese universo del ocio y la imagen en pantalla grande, en definitiva, ha sido estudiado ampliamente por Agustín Sánchez Vidal y Amparo Martínez.

En nuestro recuerdo del pasado en Zaragoza nos centraremos especialmente en algunas salas de proyección y aspectos concretos de ese mundo mágico del cine, que siempre estaba presente en las Fiestas del Pilar y, de ordinario, los días festivos de cada año. De manera especial, el énfasis lo ponemos en los cinemas que mayor huella han dejado en la gente y con mayor afecto lo llevan a su memoria.

En principio, es menester citar los primigenios en el municipio zaragozano: el llamado Palacio de la Ilusión, los cinematógrafos Latino, Novelty y Coyne, entre otros, así como el Salón Doré. Se trata de salas erigidas en la aurora del siglo XX, que, si bien su duración fue breve, en verdad ellos cimentaron una sólida estructura para la prolija nómina de centros de proyección que se establecieron en años posteriores.

Mencionaremos igualmente las dos grandes empresas del ámbito del celuloide a mediados del XX, cuales fueron Quintana y Parra, que al principio actuaron de forma independiente y posteriormente se fusionaron.  

El Palacio de la Ilusión tiene la particularidad de ser el primer centro cinematográfico estable en la ciudad. Estaba en la calle Estébanes, n.º 31, y su estreno tuvo lugar el 23 de febrero de 1905 con un público muy especial: propietarios y amigos, Ricardo Magdalena –arquitecto del edificio, decorado en estilo modernista–, periodistas, etc.; que luego acudieron a una cena especial en el restaurante La Paz. Fue un día de gloria para los implicados en esta primicia de la modernidad y un éxito que irradiaba satisfacción al conjunto de la urbe.

Al cabo de unos días se abrió el local al público con la obra ‘Ángel de invierno’, estrenada el día 2 de marzo, el ‘jueves de moda’, según afirma A. Martínez; el día siguiente se celebró el ‘Viernes Popular’ y el día 8 actuó la ‘Tuna Valenciana’. A todos esos acontecimientos asistió una gran afluencia de público, al igual que en el mismo mes lo hicieron al espectáculo de la ‘Tuna de Zaragoza’. El precio era de 30 céntimos en el sector de ‘general’.

Se proyectaron películas con fines benéficos (por las víctimas del Canal de Isabel II el 8 de abril de 1905), para celebrar efemérides (III Centenario de la publicación de la primera parte de ‘Don Quijote de la Mancha’ en 1605), al aire libre y gratuita (el 9 de mayo en la plaza de la Constitución, hoy de España) y en su interior se celebraron múltiples actos; verbigracia, bailes, conciertos y festivales de jota, especialmente en las Fiestas del Pilar de dicho año.

Sin embargo, la ilusión de ese centro de ocio fue corta, ya que tres años después del estreno cerró sus puertas, para instalarse en sus locales el cabaret Maxim’s entre 1922 y 1931, dedicado a café-tango, variedades y bailes; más adelante, fue sede de un club taurino, farmacia y almacén hasta 1945. Queda el recuerdo del paso de Luis Buñuel por ese Palacio, cuando iba a casa de una tía, y de Ramón J. Sender, cuando el Palacio se había convertido en almacén.

Como si la vida fuera un círculo que recupera las ‘buenas obras’, en el lugar del Palacio de la Ilusión se levantó el Cine Latino cuando mediaba la centuria anterior. Fue una iniciativa de Miguel Rived materializada por el arquitecto Marcelo Carqué, que también había sido autor del Monumental (1933) y Actualidades (1934). El detalle más original del Latino fue, por supuesto, la decoración del techo de la sala, pintada por Luis Berdejo en 1953, de la cual Manuel García Guatas (1994) en ‘Publicidad artística en Zaragoza’ dijo que era unaalegoría clásica en la iconografía de Apolo rodeado de las nueve Musas’.

El cine se inauguró el 26 de febrero de 1954 con ‘El mundo en sus manos’, dirigida por Raoul Walsh, y la intervención de los actores Gregory Peck, Anthony Quinn y Ann Blyth. Estuvo activo durante un cuarto de siglo, pero ante la aplicación del nuevo reglamento aprobado tras el incendio del Hotel Corona de Aragón (12 de julio de 1979), había que realizar numerosas reformas en el local que comportaban grandes costes. Eso obligó a cerrar el cinema en agosto del mismo año y en breve se convirtió en el Bingo Latino.