Opinión

Y la Oca Loca voló en Internet

No es ni fácil ni rápida la creación y puesta en marcha de una revista cultural, ni siquiera en un centro penitenciario. Recuerdo haber iniciado la convocatoria de todos aquellos internos interesados en formar parte del equipo de redacción en el primer semestre de 2004.
Javier Mesa
photo_camera Javier Mesa

No es ni fácil ni rápida la creación y puesta en marcha de una revista cultural, ni siquiera en un centro penitenciario. Recuerdo haber iniciado la convocatoria de todos aquellos internos interesados en formar parte del equipo de redacción en el primer semestre de 2004. De ella surgió un ilusionado equipo de cinco redactores dispuestos a escribir sobre temas variados, eso sí, lo menos “talegueros” posible. Siempre quisimos que LA OCA LOCA fuera una ventana al exterior, un soplo de aire fresco cultural, así como una demostración del talento encerrado tras los muros.

Sin embargo, fácil no era. Había que documentarse para escribir artículos, mejorar la expresión escrita, escoger los temas adecuados y, sobre todo, aprender a manejar un complicadísimo programa de maquetación, el Quark X-Press. Un tormento. Pero era el utilizado por la mayoría de la prensa y, asimismo, por la Imprenta de la Diputación Provincial de Zaragoza. Pese a que sus responsables, Pepe González y María Marín, nos lo querían poner fácil, lo cierto es que se nos descuadraba todo al crear el proyecto final y no acertábamos con la causa.

Aquí intervino decisivamente, una vez más, la “caballería”, nuestro gran amigo y mentor en estas y otras lides, Luis J. García Bandrés, redactor jefe de Heraldo de Aragón. Recuerdo haber pasado horas en su casa “maniobrando” el dichoso programita. Y sé que él dedicó horas de sueño a arreglarnos y mejorar ostensiblemente nuestros proyectos defectuosos.

En fin, que todo esto y más cosas causaron que, prácticamente, pasara un año hasta tener la revista en nuestras manos. Luego vendría el trabajo de presentarla en sociedad, en la Prisión y en la Sala de prensa de la DPZ (gracias, sobre todo, a Esther López Chamorro, José Luis Angoy y José Luis Villellas, entre otros) y repartirla en los foros adecuados. Recuerdo ir a la Universidad de Zaragoza cargado con un buen fajo de revistas. De hecho, de esa época data mi complejo de “vendedor de enciclopedias”, pero también haber conocido y “captado” a grandes colaboradores como Julián Casanova, Francisco Palacios, Carlos Forcadell y José Luis Rodríguez, entre otros. Todo un lujo.

El caso es que tras tres años y tres revistas más en nuestro haber, los “hados” quisieron que conociéramos a un matrimonio providencial, el formado por Agnes Daroca y Juan Ramón Jiménez “Jota”, cuya empresa 2/4 se encontraba muy cerca de mi casa. Gracias a ellos no sólo editamos nuestra mejor revista, merecedora del Premio nacional a la mejor revista penitenciaria del año, sino que, con la también decisiva intervención de Samuel Aguilera, conseguimos que LA OCA LOCA volara ya libremente por Internet.

Internet nos iba a dar todo lo que habíamos estado buscando. Visibilidad, facilidad de uso y, sobre todo, rapidez en la publicación de artículos, además de otras grandes posibilidades como la reunión de todos nuestros ilustres colaboradores del exterior y la fácil puesta en marcha de certámenes culturales, penitenciarios y no penitenciarios.

Aunque lo mejor era que habíamos creado un centro virtual que iba a poder ser utilizado para publicar todo tipo de artículos no sólo por nosotros, en Daroca, sino también por parte de todos aquellos centros penitenciarios que, ya fuera por la crisis del papel o no, quisieran participar y considerar como suyo propio. Esa era y sigue siendo, casi veinte años después, nuestra intención.