El efecto Daroca
Recientemente, nos hemos despertado con la gratísima noticia de que el Grupo Parlamentario Socialista ha presentado, para su debate en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, una Proposición no de Ley en apoyo y reconocimiento a Daroca, su Centro Penitenciario y su Festival Internacional de Cine, Daroca&Prisión Film Fest.
El hecho tiene su importancia ya de por sí. No es usual que todo un Congreso de los Diputados vaya a manifestar públicamente su “favoritismo” hacia un Festival de cine en particular, sobre todo habiendo tantísimos de “parecida” (aunque no idéntica) especie en nuestro territorio nacional. Sin duda, ello redundará en la consecución de mayores cotas de prestigio tanto a nivel nacional como internacional, puesto que, además, un informe será remitido, asimismo, a la Comisión de Cultura y Educación de la Unión Europea para su difusión entre los países miembros y centros penitenciarios de los mismos.
Sin embargo, pese a la gran trascendencia del tema, hay una intrahistoria de capital importancia en ello que no podemos eludir, ya que lo explica todo. Y que bien podría denominarse como “el efecto Daroca”.
Me explico. Ya conocéis por artículos anteriores que desde el año 2004 vengo ejerciendo de chófer ocasional en el trayecto de ida y vuelta Zaragoza-Daroca para personalidades de la Cultura Aragonesa que se prestan a dar conferencias en el centro penitenciario. Muchas de ellas, por no decir casi todas, venían con ciertas reticencias sobre lo que se iban a encontrar. Sin embargo, dicho nerviosismo se transmutaba, en el viaje de vuelta, por un enorme entusiasmo y agradecimiento, siendo el comentario general que habían recibido “mucho más que lo que habían dado” y que, sin duda, volverían, repetirían.
Yo siempre había pensado que este efecto se circunscribía exclusivamente al centro penitenciario. Estaba equivocado. En cuanto comenzamos a realizar sinergias con Daroca y las conferencias se impartían primero en la prisión y luego en la ciudad, ya pudimos comprobar cómo una Daroca acogedora, cordial, participativa y culturalmente activa provocaba otro entusiasmo similar.
La Gala del Festival de cine es, en la actualidad, la mejor prueba de ello. No tanto por su espectacularidad (no somos la Metro Goldwyn Mayer) sino, sobre todo, porque quien viene siempre se siente acogido con un enorme cariño y una atención única y especial, bien sea espectador o la estrella homenajeada en cada edición. Y, claro está, repite, a la par que se convierte en nuestro mejor embajador.
Ése es el efecto que Daroca causa y que ha motivado que todos los grupos políticos que constituyen la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados vayan a apoyar esta Proposición no de Ley en apoyo y reconocimiento a Daroca, a propuesta del Grupo Parlamentario Socialista. Y siendo el impulsor de la misma el Diputado y amigo D. Víctor Javier Ruiz de Diego, quien ha asistido ininterrumpidamente a nuestro Festival desde que lo hiciera por primera vez hace tres ediciones. Aquí lo tenéis. Éste es, de nuevo, el “efecto Daroca”.
¡Millones de gracias!