Sostenibilidad ambiental

El concepto de sostenibilidad medioambiental es relativamente reciente y su significado resulta desconocido para una parte de la población. En la Conferencia de Estocolmo sobre medio ambiente y desarrollo humano celebrada en 1983 se habló por primera vez dentro de un foro de este ámbito de sostenibilidad. Posteriormente, en el informe Brundtland de 1987, este concepto adquirió el significado que hoy tiene.

El concepto de sostenibilidad medioambiental es relativamente reciente y su significado resulta desconocido para una parte de la población. En la Conferencia de Estocolmo sobre medio ambiente y desarrollo humano celebrada en 1983 se habló por primera vez dentro de un foro de este ámbito de sostenibilidad. Posteriormente, en el informe Brundtland de 1987, este concepto adquirió el significado que hoy tiene.
 
En esencia, la sostenibilidad medioambiental pretende, dicho de forma sencilla, que racionalicemos el consumo de los recursos de manera que no hipotequemos el futuro de las generaciones venideras.

¿Y por qué hemos de preocuparnos por la sostenibilidad?

La respuesta es muy simple y al mismo tiempo compleja, como todo lo que tiene que ver con el medio ambiente.  Los recursos del planeta son limitados. Durante mucho tiempo el ser humano ha pensado que no se iban a acabar nunca, probablemente porque el nivel de consumo de dichos recursos no hacía temer por su agotamiento.  Empero, estamos observando cómo en las últimas décadas consumimos recursos desaforadamente poniendo en peligro su disponibilidad para generaciones posteriores.
  
Conviene recordar que solo algunos recursos son renovables: determinadas energías, el agua o materias como la biomasa.

Si nos ceñimos a la sostenibilidad energética es obvio que es necesario fomentar las energías renovables en un país que tiene una enorme dependencia del exterior, que nos cuesta cada año una cantidad ingente de recursos económicos.
 
La apuesta inicial por las energías renovables era una obligación para cumplir los objetivos establecidos por la U.E., y porque en época de vacas gordas todo resultaba más fácilmente alcanzable. Así, se invirtieron grandes sumas en energía eólica y en menor medida en solar y biomasa.

El entusiasmo inicial nos llevó a ser un país con una tecnología avanzada en aerogeneración y en energía solar, con numerosas empresas y entidades públicas investigando para aumentar la eficiencia.
 
Sin embargo, las continuas modificaciones del marco legislativo han llevado al sector al pesimismo, y sobre todo a una gran incertidumbre, como consecuencia de tantos cambios que generan inseguridad y que desaniman al posible inversor. Detrás de los parques eólicos suele haber grandes empresas. Sin embargo, en parques de energía solar, hay muchos pequeños inversores que depositaron sus ahorros o incluso solicitaron préstamos para invertir.

España tiene un reto por delante importante: reducir su dependencia energética del exterior. La crisis económica, las restricciones brutales en I+D+I y el desaliento entre aquellos que apostaron por este tipo de energías pueden hacer que se estanque la inversión y que dejemos de ser un país puntero en estas tecnologías. Teniendo en cuenta la situación general que vive el país y la investigación en particular, que ha visto mermar sus fondos, no dejaría de ser un drama.

Creo que hay que hacer un análisis serio y concienzudo de este asunto. El país no se merece ligerezas ni alegrías en un tema tan importante como el energético.