Redes, falsedades y otras cosas

Javier Lorén

Los algoritmos y las redes que manejan alguno de esos algoritmos de dudosa ética están convirtiendo el mundo virtual de determinados espacios en lugar de insulto al que piensa de diferente manera

Los algoritmos y las redes que manejan alguno de esos algoritmos de dudosa ética están convirtiendo el mundo virtual de determinados espacios en lugar de insulto al que piensa de diferente manera.

Así se pueden leer improperios en todas las direcciones, lo que acaba generando hastío. La forma de paliar dicho hartazgo acaba consistiendo en salir de dichas redes. Eso supone perder el contacto con personas y noticias que podrían ser interesantes. Sin embargo, la liberación que el abandono de esas redes produce genera una importante satisfacción, al mismo tiempo que se reducen significativamente los minutos dedicados a ellas; minutos que se ganan para otras actividades no menos interesantes.

Inicialmente estas redes fueron muy interesantes y cobraban un gran sentido como punto de encuentro con amigos, donde se podían entablar conversaciones, compartir noticias, fotografías o videos, o incluso reencontrarse con aquellos que, por el paso del tiempo y la distancia, habían “desaparecido” de nuestras vidas.

Pasado el tiempo, algunas redes solo enviaban información de quien el algoritmo consideraba oportuno, del mismo modo que nos envía publicidad o sugerencias, sesgando las noticias recibidas.

La evolución de las redes, el aprendizaje de los algoritmos y las propias políticas expansionistas de los propietarios de las redes (alguno con pocos escrúpulos), junto con la pretensión de que pasásemos el mayor tiempo posible con ellos, es decir “enganchados a las pantallas” ha ido modificando el sentido inicial.  

Desgraciadamente, en muchos casos, se han convertido en lugares de desencuentro, insultos, broncas y, sobre todo, mentiras que, en muchas ocasiones, retroalimentan la confrontación al tiempo que captan la atención.

Todavía más complejo resulta X, donde hemos pasado de un lugar de acercamiento a lo que piensan los demás, al contacto con las noticias, e incluso el acercamiento al mundo científico, a un “lugar”, donde con el anonimato, se produce el insulto demasiado a menudo, más aún, cuando su dueño, eliminó todos los controles en aras a una libertad de expresión mal entendida.

Parece que unos pocos quieren gobernar el mundo, incluso por encima de los gobiernos. Y nada mejor que manipular la información y la opinión. A ellos no les interesan las democracias, sino su poder y el dinero.

A menudo cabe preguntarse para que quieren tanto dinero si no serán capaces de gastarlo ni ellos ni muchas de sus generaciones futuras. Podría decirse que ronda por sus cabezas la avaricia, el deseo de ser el centro del mundo, y supongo que algunas otras cuestiones. Ojalá muchos de ellos (alguno hay) donasen una parte de sus inmensos beneficios para causas justas en beneficio de la humanidad y el planeta.

Las redes al mundo científico le facilitan la difusión, hecho que agradecemos muchos; sin embargo, también son el altavoz de negacionistas, gente que están en contra de la ciencia, y que difunden sus bulos y mentiras con demasiada facilidad. Y como siempre, calumnia – desinforma- que algo queda.

No son pocos los científicos (entre ellos los meteorólogos) que aportan noticias relacionadas con sus conocimientos, muy útiles para la ciudadanía en general, que muchos agradecemos. Por desgracia en no pocas ocasiones sufren el insulto de aquellos que se manifiestan en contra de la ciencia y que aportan creencias carentes de racionalidad y de conocimiento.

Seguramente estos mismos “niegalotodo” cuando se trata de ciencia que no les gusta, van al médico para que les cure una enfermedad o les ayude a reducir un dolor físico insufrible. Niegan la ciencia, pero cuando la necesitan bien que acuden a ella.

Estos días ha sido un espectáculo visual contemplar las nubes de las tormentas que había entre Lanaja y Sabiñanigo, según el radar, el domingo día 31 de agosto al atardecer. Fuimos muchos los que contemplamos la enorme cantidad de relámpagos que se produjeron como un espectáculo visual porque estaban tan lejos de Zaragoza, que los truenos no se escuchaban. Algunos han aprovechado para ver “estelas” y fantasmas, es decir, manos negras creadoras de tormentas que las llevan donde quieren con intención de hacer daño.  

Cualquiera que sepa algo de meteorología sabe que eso no es posible y que la energía de estas tormentas es enorme. También conoce el origen de las estelas que se ven en la atmósfera cuando pasan aviones a gran altura.  Algunos ven a seres malignos conspirando contra ellos, para que no llueva. También “ven” aviones o avionetas penetrando en las nubes para disolverlas.