Zaragoza es una ciudad muy agradable en muchos sentidos, y uno de ellos es en su orografía prácticamente llana, que nos permite circular en bicicleta sin realizar grandes esfuerzos. Probablemente lo más molesto para ir en bicicleta sea el “Cierzo” cuando sopla con fuerza, junto con el riesgo de la convivencia con los demás vehículos.
En nuestra ciudad tenemos una buena red de carriles bici, siempre mejorable. Hay más de 130 km de carriles que permite a los zaragozanos circular con garantías de seguridad, e ir desde diversos barrios al centro y viceversa, o enlazar entre barrios.
En Zaragoza todavía no hemos alcanzado la “cultura” de utilización de la bicicleta que hay en ciudades europeas de países como Holanda, Bélgica, Noruega, etc., pero sin duda, hacemos más uso de la bicicleta que en ciudades como Madrid, donde la disposición del tráfico para las bicicletas no invita a circular con ellas, salvo que se tenga poco aprecio por la propia vida. Afortunadamente, desde que se construyeron los primeros carriles bici hemos visto como la presencia de las bicicletas en la ciudad ha aumentado, especialmente tras implantarse el servicio de alquiler. Además, según una encuesta realizada hace un tiempo, en la mayoría de los hogares se dispone de más de una bicicleta. Las bicicletas contribuyen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al sustituir, en muchos casos, a los vehículos de combustión privados.
Las bicicletas, cada vez más motorizadas, son muy útiles para los desplazamientos por la ciudad y también para hacer deporte. En ambos casos es muy útil para favorecer la actividad cardiovascular, al mismo tiempo que contribuye a reducir el número de vehículos privados en las calles y la contaminación, tanto la de aire como la acústica. Además, se aparcan con facilidad dado el poco espacio que ocupan.
Todavía queda mucho camino por recorrer, y es necesario implementar campañas divulgativas y de formación para que haya una adecuada convivencia entre peatones, bicicletas y vehículos de motor. El cumplimiento de las normas, el respeto al otro, el sentido común y la empatía son imprescindibles para una convivencia armoniosa. La aplicación de estos principios básicos hará que todos nos sintamos cómodos, y sobre todo que los más vulnerables: los peatones, especialmente mayores y niños, puedan disfrutar de la ciudad sin el temor de ser atropellados.
Los conductores de vehículos hemos de prestar mucha atención y respetar los semáforos y los pasos de peatones. Y también los peatones tenemos que cruzar por los lugares establecidos para ello y, sobre todo, no cruzar cuando los semáforos están en rojo, y menos aún, hacerlo en diagonal. Nuestro chasis, es nuestro cuerpo.
Por otra parte, si queremos tener un transporte público eficiente y eficaz que nos invite a utilizarlo, es necesario, en primer lugar, que preste un buen servicio, con vehículos en buen estado, rutas, tiempos de desplazamiento y frecuencias adecuadas, y puntualidad. Todos conocemos la puntualidad del tranvía y sufrimos la impuntualidad de algunas líneas de autobús a las que podría darse mayor prioridad en la movilidad urbana. Es imprescindible mejorar el servicio. Un buen transporte público beneficia a todos los ciudadanos, ya que mejora la movilidad y facilita los desplazamientos; al mismo tiempo, que se fomenta la reducción de la congestión del tráfico y de la contaminación, más aún, cuando cada vez dispondremos de más autobuses eléctricos. Los ciudadanos también hemos de poner nuestro granito de arena, y dar prioridad a los autobuses, dejándoles incorporarse cuando salen de las paradas, por ejemplo. Es una cuestión de respeto a las normas, civismo y educación que muchos ciudadanos cumplen, pero desgraciadamente todavía quedan algunos que no lo tienen en cuenta. Quizás hace falta una campaña de concienciación por parte de las autoridades.
Finalmente, no debemos desdeñar la alternativa siempre saludable de caminar, para hacer recorridos relativamente cortos. Esta acción mejora nuestra salud, hace de Zaragoza una ciudad más “verde” con reducción de las emisiones de gases contaminantes y del ruido. En definitiva, mejora nuestra ciudad.