Opinión

Más zonas verdes en el medio urbano

El futuro reglamento de Restauración de la naturaleza de la Unión Europea, cuya orientación general se aprobó el 20 de junio en Luxemburgo, posteriormente fue aprobado por el Parlamento Europeo.
Javier Lorén

El futuro reglamento de Restauración de la naturaleza de la Unión Europea, cuya orientación general se aprobó el 20 de junio en Luxemburgo, posteriormente fue aprobado por el Parlamento Europeo. El Reglamento plantea una serie de retos relacionados con la naturaleza, pero en este caso me voy a referir a lo que prevé con relación a las zonas verdes y a las masas arbóreas de las ciudades; algo que se conocerá con detalle, cuando finalice la fase de trílogos y se apruebe, definitivamente, siendo vinculante para todos los Estados miembros.

En cualquier caso, se plantea la necesidad de incrementar la superficie de áreas verdes y del número de árboles de las ciudades. Los árboles nos proveen de muchos servicios ecosistémicos a los ciudadanos y también a otros seres vivos. Entre los factores positivos, nos aportan cobijo para diversas especies de animales, sombra, aromas, colorido, frutos, sonidos- trino de los pájaros, oxígeno, retienen CO2 y, parcialmente, dan protección contra el ruido cuando están agrupados.  Entre los inconvenientes, uno directo son las alergias primaverales que provocan algunos de ellos, como olivos, plataneros, etc.; otro, los excrementos de palomas, urracas, estorninos y otras aves o la melaza de algunos insectos que ensucian el suelo, sin olvidar las hojas que caen. También en ocasiones las raíces levantan aceras. En cualquier caso, son más importantes las ventajas que los inconvenientes.   

Zaragoza no es una ciudad adecuada para muchas plantas, por su clima frío en invierno (cada vez menos) y caluroso en verano (cada vez más), con baja humedad relativa. El calor del asfalto y de los motores de los coches también contribuye a incrementar la temperatura y favorecer el efecto “isla de calor”. Este año con las sucesivas olas de calor, sufrimos de nuevo temperaturas sofocantes que nos afectan a nosotros y también a las plantas. Véase el estado de algunos tilos del paseo Independencia. En estos días, los ciudadanos buscamos la sombra para no sentir el sofocante calor de las zonas soleadas o deseamos que venga el cierzo y nos refresque el ambiente.

Actualmente, tenemos una superficie de zona verde por habitante aceptable (todo es mejorable), con grandes parques como: el parque de José Antonio Labordeta y el parque Luis Buñuel. Ambos son un referente para los ciudadanos de una y otra margen del Ebro.  Un poco más lejos, nos queda el Parque lineal de Plaza con sus 60 hectáreas, que desgraciadamente no está bien mantenido en los últimos tiempos. Y, por supuesto, numerosas zonas verdes distribuidas en los diferentes barrios para el disfrute de todos.

La exposición universal de 2008 contribuyó a mejorar las riberas del río, con vegetación arbórea que se ha desarrollado y que aporta las bondades de los árboles en las ciudades. También se hicieron cinturones de circunvalación con árboles en sus laterales y plantas en las medianas. En este caso, se puede decir que después de 15 años el desarrollo de sus plataneros en algunas zonas de los cinturones está siendo muy lento, probablemente porque no tienen la misma disponibilidad de agua necesaria en todas las zonas. 

Son muchas las calles que disponen de árboles y que hacen más agradable el paseo por ellas, pero también hay otras, donde la vegetación brilla por su ausencia. No todas las calles son aptas para tener árboles. Se tienen que dar unas condiciones adecuadas para su plantación. Tenemos numerosos ejemplos de calles con árboles; véase el Paseo de Longares, con un centro lleno de vegetación arbórea y de sombra, o algunas calles estrechas del centro y de nuestros barrios que tienen alineaciones arbóreas que dan sombra en verano y que en invierno dejan pasar la luz.    

En Zaragoza, se están desarrollando “los bosques de los zaragozanos” que son muy bienvenidos, como no podía ser de otra manera, pero habrá que ir más allá para hacer de esta ciudad inmortal, un lugar con más vegetación que la haga más agradable para sus habitantes y visitantes.   

La plaza del Pilar, nuestro gran estandarte, es una plaza extremadamente dura, que se convierte en intransitable cuando el calor aprieta, como bien sabemos todos los que vivimos en Zaragoza. Los rinocerontes han sobrevivido estoicamente al sol abrasador de la plaza. La existencia del parking dificulta la posibilidad de poner árboles de gran tamaño que pudieran refrescar el ambiente y ofrecer la sombra necesaria.