El precio de los alimentos

El incremento del precio de los alimentos ha sido sustancial desde la invasión de Ucrania por Rusia.  Productos básicos en la dieta de una gran parte de la ciudadanía como el aceite de oliva, los huevos, la leche o el pan, han aumentado su precio notablemente.

El incremento del precio de los alimentos ha sido sustancial desde la invasión de Ucrania por Rusia. Productos básicos en la dieta de una gran parte de la ciudadanía como el aceite de oliva, los huevos, la leche o el pan han aumentado su precio notablemente.

A algunos segmentos de la sociedad, esta subida no les afecta porque tienen capacidad adquisitiva para seguir comprando tanto los productos básicos, como aquellos de tipo gourmet sin comprometer sus economías.

Sin embargo, hay otros segmentos de la sociedad que han visto muy comprometida su capacidad para adquirir determinados alimentos que son muy adecuados para la salud.  Además, a la inflación se ha podido añadir, en algunos casos, el incremento del coste de las hipotecas como consecuencia del aumento de los tipos de interés. La subida de precios ha obligado a una parte no desdeñable de la sociedad a modificar hábitos de consumo, tratando de adquirir aquellos de menor precio, o reduciendo la ingesta de determinados alimentos que tienen mayor coste. Esto sin duda es una triste noticia para muchas familias. En estos momentos, estamos observando cómo se consume menos aceite de oliva en los domicilios o directamente se pasa a comprar otros de menor precio como el de girasol, soja, o incluso el denostado aceite de colza. Probablemente en unos meses, alguna universidad española publicará datos de cómo ha variado el consumo de las familias como consecuencia del incremento de la inflación.

Como siempre, a río revuelto ganancia de pescadores. En este río revuelto de alzas inflacionistas, algunos han aprovechado para pescar en él y especular con el precio de diversos alimentos que recordemos que, a día de hoy, son absolutamente necesarios para el ser humano. A menudo, olvidamos o no damos la importancia que merece, el hecho de que solemos comer 3 o 4 veces al día. El ser humano no puede vivir sin alimentarse.  

Desgraciadamente, los alimentos que han subido su precio en los lineales o en los comercios, difícilmente volverán a la senda anterior a la invasión de Ucrania, a pesar de que algunos costes se han reducido y de que, en origen, los precios de algunos productos han bajado. Un ejemplo de ello es la leche, que en origen ha sufrido un notable descenso en las últimas semanas que, sin embargo, no se refleja en el precio en los comercios. Dentro de la cadena de valor, algunos segmentos, están incrementando sus beneficios.

La medida de reducir el IVA de algunos alimentos ha ayudado a las familias, incluso a quienes podrían pagarlo sin pestañear. Este impuesto sobre alimentos básicos, aunque habitualmente sea bajo, grava a las familias más vulnerables. El Estado debería plantear modelos que hicieran menos gravoso este impuesto para quienes tienen rentas más bajas. Probablemente se argumentaría que técnicamente es difícil o imposible. Sin embargo, en estos tiempos donde la tecnología avanza a pasos de gigante, esto no puede ser un obstáculo para su aplicación. Es necesario que toda la ciudadanía pueda disponer de los alimentos básicos, especialmente los niños y mayores, y las familias más vulnerables.  Quiero aprovechar para agradecer como ciudadano, la inconmensurable labor que realizan los bancos de alimentos, Cáritas, Cruz Roja, etc., ayudando a quienes más lo necesitan. En ocasiones, en conversaciones entre amigos, se dice que se ayuda a familias que no lo necesitan, o que hay mucha picaresca, e incluso que esto sirve para fomentar la vida bajo el paraguas de las ayudas. Creo, sinceramente, que la inmensa mayoría de quienes están en esa situación preferirían tener un trabajo y sueldo digno y poder disponer de capacidad económica para adquirir los alimentos necesarios.

Esperemos que esta utopía, que nadie pase hambre, acabe teniendo visos de realidad.