“El agua, el motor de la vida”
El agua es, sin duda, “el motor de la vida” como en su momento indicó el gran Leonardo Da Vinci. Sin agua apenas hay vida y, sin ella, la naturaleza presenta unos rasgos “deprimidos”, donde sólo unas especies muy adaptadas son capaces de vivir.
En estos momentos en la Europa mediterránea nos enfrentamos a la incertidumbre planteada por el IPCC sobre cómo evolucionará la disminución de precipitaciones y cuál será el balance. En los últimos años, observamos cómo aumentan las lluvias torrenciales con desastrosos resultados (la DANA de primeros de septiembre es ejemplo de ello y además tuvo como consecuencia el fallecimiento de varias personas) y también como la sequía vuelve a hacer acto de presencia, si bien, este fenómeno en nuestro país ya lo hemos vivido en otras ocasiones, aunque todo parece indicar que serán más frecuentes e intensas.
Lo que resulta evidente es el incremento de temperaturas, con olas de calor insufribles, que causa una mayor evapotranspiración y, por tanto, puede incrementar el estrés hídrico de las plantas y también de los animales.
Ahora que estamos en la fase de “ebullición”, como dijo el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, tenemos que acelerar los procesos de gobernanza eficiente del agua y de adaptación de las plantas y animales porque estamos ante un escenario desconocido.
Se afirma que la agricultura consume entre el 75 y el 80% del agua. Es cierto. El regadío necesita de esa agua para producir. Sin ella, las cosechas se ven sustancialmente mermadas. Conviene recordar que una hectárea de regadío produce entre 4 y 6 veces más que una de secano. Por lo tanto, partiendo de la base de que necesitamos tener soberanía alimentaria y que la balanza comercial de nuestra producción agroalimentaria es positiva y forma una parte estratégica de nuestro PIB, no cabe duda de que tenemos que utilizar parte del agua de nuestros embalses para producir alimentos.
En España, se han hecho grandes esfuerzos de modernización de regadíos. Somos uno de los países del mundo más avanzados en sistemas digitalizados de riego localizado, y también estamos muy bien posicionados en la modernización de regadíos a presión por aspersión, de manera que el riego a manta (menos eficiente) pierde relevancia en el conjunto de nuestros casi cuatro millones de hectáreas de regadío.
Conviene recordar, para tranquilidad de todos, que hay una prioridad establecida en el artículo 60 del R.D.L. 1/2001 de 20 de julio, por la cual el abastecimiento de agua a los ciudadanos está por delante de cualquier otro uso y de que, además, se establecen por las Demarcaciones hidrográficas planes de emergencia que, entre otras cosas, aseguran que no falte agua a los ciudadanos. En segundo lugar, están los usos agrarios, que quedan reconocidos en dicho R.D.L., como elementos relevantes.
En dicho R.D.L., que parte de la Directiva Marco del Agua, 2000/60/CE/2000, se establece también la necesidad de preservar la calidad del agua. Se trata de mantener o mejorar la calidad ecológica de los cauces, y también la propia calidad química, y la garantía de un estado sanitario favorable. Este marco, sin duda, ha fortalecido las acciones para que el agua siga siendo ese motor de la vida, que tan imprescindible es para el ser humano, y por supuesto para los ecosistemas.
Por ello, todos debemos hacer esfuerzos para utilizarla de forma racional, evitando su despilfarro y su contaminación. Quienes han tenido que recibir agua en camiones cisterna este verano, saben el bienestar que produce abrir el grifo y que el agua potable discurra por él.
Las esperadas lluvias de otoño e invierno vendrán como agua de “mayo” para llenar los embalses, humedecer los suelos y crear tranquilidad en las personas cuyo medio de vida está basado en la disponibilidad de agua para sus negocios, entre ellos, obviamente, los agricultores y ganaderos. Ojalá llueva pronto suficientemente y además de forma calmada para que el agua pueda penetrar en los suelos, y no ocasione crecidas de barrancos y de ríos que causen daño a las personas, a los animales y a las infraestructuras.
Quedaremos expectantes a la espera de su llegada.