Opinión

Desastres naturales

El desarrollo de internet, de las redes y de la globalización ha hecho, entre otras muchas cosas, que la información de lo que sucede en las antípodas del mundo nos llegue casi en tiempo real.
Javier Lorén

El desarrollo de Internet, de las redes y de la globalización ha hecho, entre otras muchas cosas, que la información de lo que sucede en las antípodas del mundo nos llegue casi en tiempo real. Es decir, el mundo está más interconectado y la información fluye profusamente entre nodos y terminales. Este fenómeno hace que todo discurra muy rápido, sin apenas tiempo para reflexionar, porque enseguida nos llegarán otras muchas noticias e informaciones. La sucesión continua de noticias (es un carrusel continuo, que trabaja día y noche) hace que rápidamente desaparezcan de los medios y de las redes unas noticias para dejar paso a otras. O, dicho de otra forma, que pasen al olvido sin haber calado en nuestras mentes. Algunos fenómenos de mayor alcance permanecen más tiempo, pero en general todo se volatiliza y desaparece, como cuando los primeros rayos de sol evaporan las gotas de agua del rocío.

Desde hace tiempo, nos llegan noticias de cualquier desastre de origen natural o antrópico que sucede en el planeta. Recientemente, hemos visto los incendios forestales del arco mediterráneo, especialmente dramáticos en Grecia; los de Canadá que han quemado una superficie equivalente a dos veces Aragón; el terremoto de Marruecos o las gravísimas inundaciones de Libia. Los dos últimos fenómenos han causado una enorme pérdida de vidas humanas y han dejado un reguero de desaparecidos y heridos, al mismo tiempo que han provocado la pérdida del medio de vida de muchas familias.

Hay desastres que no se pueden evitar, como los terremotos, pero sí se podrían minimizar sus efectos; desgraciadamente las políticas urbanísticas en algunos países, o la falta de recursos económicos, hacen que haya muchas viviendas construidas sensibles a la acción de terremotos. En otro tipo de eventos, como las inundaciones, una adecuada política de análisis de riesgos y prevención puede minimizar los daños al entorno, y lo más importante, los personales.

Por desgracia, los países más vulnerables, entre ellos muchos de África y del sudeste asiático, y los estados fallidos, son los que tienen más probabilidades de no poseer los mecanismos de prevención y respuesta adecuados, como bien indica el Marco de Sendai para la reducción de los riegos de desastres 2015-2030. Un marco que prioriza y desarrolla las medidas y necesidades existentes tanto a nivel global, como nacional, regional y local, para evitar los efectos tan perniciosos de estos desastres sobre el ser humano y también sobre el medioambiente.

Sin duda, la preparación ante riesgos probables es fundamental, en estos tiempos, dado que los eventos extremos como las inundaciones se producen con más frecuencia e intensidad. Algunos países son especialmente sensibles, como los isleños de superficie reducida que tienen enormes riesgos como consecuencia del cambio climático. En algunos casos están teniendo que abandonar las islas para buscar un lugar mejor donde vivir.

Tendremos que continuar desarrollando políticas en el mundo para minimizar los efectos de los desastres naturales. Los países “más ricos” debemos ayudar a planificar y evaluar los riesgos, así como a reducir los posibles efectos negativos, aportando conocimiento, experiencia y nuestra ayuda. Al mismo tiempo, podemos establecer procedimientos de ayuda rápida a los países menos desarrollados y más vulnerables ante estos desastres.

Prevenir siempre es mejor que curar.