Opinión

No se puede negar la evidencia

Hay hechos y situaciones irrefutables con relación a determinadas cuestiones que ponen en riesgo la salud de quienes habitamos el planeta; es decir, de los seres vivos en su conjunto.
Javier Lorén

Hay hechos y situaciones irrefutables con relación a determinadas cuestiones que ponen en riesgo la salud de quienes habitamos el planeta; es decir, de los seres vivos en su conjunto.

Es obvio que el ser humano contribuye a contaminar las aguas, tanto las superficiales como las subterráneas. La minería, la industria, el transporte, el sector agroganadero y también el comercial y doméstico contribuimos en mayor o menor medida a contaminar las aguas. Así, se incorporan diversos compuestos que afectan a la fauna piscícola y que también pueden contribuir al deterioro del medio ambiente. La presencia de elementos y compuestos químicos peligrosos se constata en algunas aguas, especialmente en aquellos países donde los controles apenas existen. En otros, como los occidentales, observamos cómo la concentración de nitratos en algunas zonas se ha incrementado sustancialmente, haciendo que determinados acuíferos no se puedan utilizar para extraer agua potable porque superan el umbral de 50 mg/litro de nitratos.

Otra cuestión irrefutable es la pérdida de calidad del aire que se ha producido, sobre todo en las ciudades o lugares muy expuestos a alguna actividad industrial contaminante, al tráfico intenso, o incluso a los sistemas de calefacción con combustibles fósiles. Esto es muy evidente en las grandes urbes como Ciudad de Méjico, Pekín, Nueva Delhi, etc. La contaminación del aire afecta a nuestra salud y, sobre todo, a las personas más vulnerables. En Europa afortunadamente, hemos mejorado en las últimas décadas.

La pérdida de biodiversidad y de hábitats también es una cuestión evidente. Desde hace décadas se está reduciendo la diversidad y están desapareciendo numerosas especies de fauna y flora que tienen un valor “intangible” enorme para el ser humano, pero, sobre todo, un gran valor para los ecosistemas. La deforestación de zonas del Sudeste asiático, de Sudamérica y de África subsahariana son determinantes para la pérdida de biodiversidad; el cambio de usos del suelo en otros lugares como Europa y América del norte también ha tenido una gran importancia para la pérdida de biodiversidad.

El deterioro de los suelos, de su calidad y de su capacidad productiva resulta evidente en muchas zonas del planeta. La erosión del agua, su contaminación en algunos casos, o la pérdida de fertilidad por procesos de desertificación en zonas áridas o subhúmedas está generando una pérdida de la “calidad” y cantidad de suelo y, por tanto, de contribuir a la producción de alimentos.

Finalmente, el cambio climático acelerado aunque haya quien lo niegue, lo estamos viviendo y es muy posible que tenga un claro efecto sobre la estructura de la  población tal como las conocemos ahora, provocando grandes migraciones. Europa y EE.UU. se verán afectados por estas corrientes migratorias, e incluso puede ocurrir que haya migraciones del sur de Europa hacia el norte, si los peores augurios se cumplen. El movimiento anti-inmigración que se está generando en  Europa y EE.UU., lo tendrá difícil, cuando quienes quieren venir están dispuestos a jugarse la vida en busca de un futuro mejor.  Otras políticas, como una contribución seria, bien planificada y desarrollada  para mejorar su forma de vida en sus países de origen, sería más útil a mi entender.  

En definitiva, ponerse una venda en los ojos para no ver lo evidente, no solo no resuelve los problemas, sino que los acrecienta.