Opinión

El declive de algunos pueblos

Conviene analizar por qué se han ido vaciando los pueblos del interior de nuestro país. Las ciudades con el inicio de la revolución industrial comenzaron a demandar mano de obra, ofreciendo nuevas oportunidades y favoreciendo el éxodo del medio rural al medio urbano
Javier Lorén

Conviene analizar por qué se han ido vaciando los pueblos del interior de nuestro país. 

Las ciudades con el inicio de la revolución industrial comenzaron a demandar mano de obra, ofreciendo nuevas oportunidades y favoreciendo el éxodo del medio rural al medio urbano. La industrialización se produjo mayoritariamente en las propias ciudades o en su entorno más próximo, sin que apenas se instalasen en el medio rural y, por tanto, sin que se creasen actividades complementarias o alternativas que asentasen la población en dichos territorios.

Al mismo tiempo, la mecanización de la agricultura inició un proceso inexorable y aún no finalizado de reducción de las necesidades de mano de obra para las tareas agrícolas. Los tractores y cosechadoras, entre otras máquinas, sustituyeron gran cantidad de mano de obra. En un futuro no muy lejano, los robots sustituirán al ser humano en algunos cultivos de gran demanda de mano de obra.  

Por otra parte, la evolución de la agricultura y ganadería ha supuesto un incremento de la superficie media de las explotaciones, con procesos de concentración parcelaria, o de agrupación vía adquisición o arrendamiento de parcelas. Al mismo tiempo, las explotaciones ganaderas están más tecnificadas (incluso domotizadas) y con mayor número de cabezas. En definitiva, las explotaciones son más grandes y esto supone una progresiva reducción del número de agricultores y ganaderos que, añadido a la falta de relevo generacional, ha incrementado el efecto de la pérdida de población activa.

Con el paso del tiempo, se ha acentuado una característica de las ciudades: aglutinar la mayor parte de los servicios que demandan los ciudadanos (educación, sanidad, comercios especializados, espacios culturales, etc.) y, sobre todo, ofrecer grandes posibilidades para que las parejas de jóvenes puedan encontrar trabajo y servicios en la misma ciudad. Los pueblos, y especialmente los más pequeños, difícilmente pueden ofrecer trabajo a ambos miembros de la pareja, salvo que no exijan presencialidad o se trate de empleos directamente relacionados con la actividad del medio rural. Aunque actualmente la facilidad de desplazamiento ha mejorado, esto no siempre compensa a la hora de decidir el lugar de residencia.

El teletrabajo brinda nuevas oportunidades, pero para que esto suceda, los pueblos deben prestar una serie de servicios que atraigan a los profesionales que pueden teletrabajar. Si no es así, difícilmente se producirá el cambio de la ciudad por los pueblos, salvo en casos muy concretos y minoritarios. 

Finalmente, otro factor a tener en cuenta es que, aquellas personas que nacieron en un pueblo y posteriormente se fueron a vivir a la ciudad, en muchos casos, tienen un poderoso nexo de unión y un fuerte arraigo con su pueblo de nacimiento; sin embargo, estos valores no siempre perviven en sus descendientes, sobre todo si no se han ido creando lazos de unión con el pueblo y sus gentes desde la niñez.  

Las administraciones han hecho desde hace décadas numerosos esfuerzos para revitalizar la vida en los pueblos, con inversiones en algunas infraestructuras: colegios, centros de salud, polideportivos, polígonos industriales, etc. Sin duda, se puede hacer todavía más para fomentar y mejorar las expectativas de algunos pueblos. Sin embargo, y desgraciadamente, en muchos pueblos de la España con menor densidad poblacional, el éxodo ha continuado, incluso con polígonos industriales que tras su realización han permanecido prácticamente vacío, salvo honrosas excepciones. Desde la U.E. también han llegado fondos al medio rural: ayudas directas a agricultores y ganaderos, y también otro tipo de ayudas como los fondos LEADER para fomentar la plurifuncionalidad de los pueblos, etc.

Por el lado positivo cabe destacar que algunos pueblos, con iniciativas nacidas desde dentro por emprendedores, han creado desarrollo endógeno, aprovechando sus peculiaridades geográficas, históricas o la calidad de su entorno natural. En ellos, se han desarrollado actividades que han dado vida a dichos pueblos. Son diversas las actividades que siguen creciendo: turismo gastronómico, enológico, ornitológico, micológico, jornadas de diverso ámbito relacionadas con la naturaleza, festivales, cultura, etc., y, por supuesto, actividades deportivas.

Desgraciadamente no son muchos los pueblos que han conseguido sus objetivos.   

Hemos de constatar, un hecho, y es que no hay café para todos. Es una frase lapidaria, pero la realidad lo demuestra constantemente.

¿Y cuáles son las perspectivas futuras? Según Be Wilson, en su reciente libro “Metrópolis”, las ciudades van a seguir creciendo en el mundo, a pesar de sus inconvenientes, fundamentalmente por las oportunidades que brindan y que han hecho aumentar su tamaño de forma continuada a lo largo de la historia. Para otros, el medio rural tiene una gran oportunidad con la digitalización, ya que puede ofrecer alternativas y servicios para quienes quieren vivir en contacto con la naturaleza y huir del estrés de las ciudades.

Los jóvenes del S. XXI tienen en general una visión protectora del medio ambiente, mucho más marcada que sus padres, y  una visión de la vida diferente. Estos nuevos valores quizás consigan cambiar algunas cosas. Hoy todavía esto es una incógnita.   

En definitiva, la tarea de fomentar la vida en los pueblos bajo la consigna del café para todos no es posible, pero sí lo es estructurar el territorio dando nuevas oportunidades a aquellos pueblos que todavía pueden ser atractivos para los jóvenes y adultos emprendedores.