Opinión

Desperdicio de alimentos: un dispendio que no nos podemos permitir

Hace unos días se han recogido alimentos en numerosos comercios para el Banco de Alimentos de Aragón. Se trata de una campaña de solidaridad, sobre todo, pensando en las fechas navideñas que se aproximan. Aprovechamos para felicitar a los gestores y voluntarios del Banco, por su gran labor, y por supuesto a todos aquellos que han colaborado.

Hace unos días se han recogido alimentos en numerosos comercios para el Banco de Alimentos de Aragón. Se trata de una campaña de solidaridad, sobre todo, pensando en las fechas navideñas que se aproximan. Aprovechamos para felicitar a los gestores y voluntarios del Banco,  por su gran labor, y por supuesto a todos aquellos que han colaborado.

Aprovechando esta circunstancia, queremos recordar la preocupación de la Unión Europea y de la FAO por la pérdida y desperdicio de alimentos que realizamos en el mundo occidental. Conviene recordar que hay más de ochocientos millones de personas que pasan hambre en los países pobres y que también hay un número elevadísimo de personas obesas en el mundo desarrollado. Polos opuestos de una sociedad desigual.

La FAO estima que se pierden en torno al 30% de los alimentos que producimos por diversas razones y en distintos momentos del ciclo de vida de los alimentos: una parte se pierde en el proceso productivo y, otra, se desperdicia, fundamentalmente, en los hogares y locales de restauración. En Europa se desechan en torno a 100 millones de toneladas.

La creciente tendencia a tener una economía circular y la legislación sobre residuos de la Unión Europea deberían llevarnos en un futuro a minimizar esa enorme cantidad de alimentos desperdiciados.

Entre los objetivos de la ONU para el año 2030 se encuentran, en primer lugar, erradicar el hambre del mundo y, en segundo lugar, erradicar la pobreza.  La medida número 12 pretende garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles, luchando contra el desperdicio alimentario, reduciendo a la mitad la cantidad actual. Se estima que cada ciudadano tiramos a la basura 33 kg/año de alimentos, de los cuales un 60% se podría evitar.

La pérdida de alimentos a lo largo de la cadena se estima en un 45% de las frutas, hortalizas, tubérculos y raíces; un 35% de pescados; un 30% de los cereales; 20% de carne de vacuno, legumbres y oleaginosas y productos lácteos.  En  los hogares españoles se desperdicia en torno al 4,5% de los alimentos comprados, la friolera de 1.325 millones de kilos, especialmente los no elaborados (85,6%), frente a los cocinados (14,4%), destacando frutas y verduras (Fuente: Mapama). En resumen, se desperdicia un porcentaje significativo de lo que compramos.

Esta sociedad no se puede permitir tal dispendio, entre otras cosas, porque para producir esos alimentos ha sido necesario el uso de insumos, como los fertilizantes, las semillas o la energía. Y, además, porque la producción de alimentos genera gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático; es decir, tiramos un 30% de los alimentos, utilizando una serie de recursos, cuyo uso contribuye al cambio climático. Es evidente que algo tenemos que hacer, empezando por la realización de campañas de sensibilización, seguidas de la implementación de técnicas y medidas que ayuden a reducir dichas pérdidas. Como dice Graziano da Silva, director general de la FAO: "Abordar el tema de las pérdidas y el desperdicio de alimentos debería ser una de las mayores prioridades para responder al cambio climático".

Y es urgente ponerse a ello. Empecemos por concienciarnos como ciudadanos. Salud.