Opinión

Cambios en el mensaje

La sociedad evoluciona constantemente y podemos observar cómo, en los últimos decenios, se han producido cambios muy importantes, tanto en la forma de pensar como de actuar de los más jóvenes. Ellos están viviendo una sociedad muy diferente a la de sus progenitores con ventajas y desventajas.   
Javier Lorén

La sociedad evoluciona constantemente y podemos observar cómo, en los últimos decenios, se han producido cambios muy importantes, tanto en la forma de pensar como de actuar de los más jóvenes. Ellos están viviendo una sociedad muy diferente a la de sus progenitores con ventajas y desventajas.   

La tecnología la encontramos a nuestro alrededor constantemente, y las consecuencias de su presencia en nuestros hábitos de vida es evidente. Durante muchos minutos al día estamos mirando una pequeña pantalla que tenemos en nuestras manos, por ejemplo.

Estos cambios hacen que los mensajes que nos trasmitían a través de la  publicidad o institucionalmente, hace apenas dos décadas, hoy tengan poca o ninguna validez y pasen prácticamente desapercibidos para sus potenciales receptores.

Así, observamos cómo los mensajes de protección del medioambiente tienen un importante calado en buena parte de la sociedad, especialmente entre los jóvenes y niños. La necesidad de proteger el medioambiente ha calado en una parte significativa de la ciudadanía. La preocupación de muchos jóvenes por el futuro de la “casa” ( el planeta), donde van a vivir el resto de su vida, es una evidencia. La juventud quiere una sociedad más justa y, al mismo tiempo, un entorno menos degradado.

En esta referencia a las percepciones, muchos jóvenes y niños no han tenido ningún contacto con las fases de producción de alimentos y, así, vemos en algunos espacios televisivos o en las redes que hay una parte de la ciudadanía que desconoce completamente el origen de los alimentos que come. Este desconocimiento lleva a no poner en valor un sector clave para que podamos cumplir con el ritual de alimentarnos varias veces al día. Así, agricultura y ganadería se han convertido, en muchos casos, en las grandes olvidadas cuando estamos en la mesa.

Conocemos cómo son muchos aparatos que usamos a diario, o que nos gustaría poseer. También podemos acceder a muchas aplicaciones de dietas de todo tipo, algunas incluso que atentan a la racionalidad, pero no sabemos el tipo de planta que produce los tomates que nos comemos y, muchas veces, ni siquiera dónde se ha producido.

Es triste, pero desgraciadamente pocas veces se tiene en cuenta a este sector, salvo en las últimas tractoradas; por otra parte, en ocasiones cuando aparece en los medios es para denostarlo, por cuestiones de tipo sanitario, que dicho de paso ocurre en porcentajes muy bajos  o para poner de manifiesto que los alimentos están muy caros para el consumidor. Si tenemos  en cuenta la subida de precios de los últimos años, podemos afirmar que esto es cierto en el caso de algunos alimentos que han tenido subidas elevadas debido a su escasez producida por la sequía y al incremento de precios de los insumos y, en algún caso, a las ganancias de algún “rio revuelto” en la cadena alimentaria.

El sector agrario  nunca ha sabido comunicar bien y, sin duda, es el momento de que empiece a hacerlo, porque parte de su futuro, sobre todo de la agricultura familiar, dependerá de ello.