Calor, incendios y tú más

Javier Lorén

Quienes tenemos cierta edad, y más aún quienes superan ampliamente los ochenta años, observamos como el tiempo está cambiando. Los inviernos son más suaves y los veranos más cálidos, con olas de calor más prolongadas e intensas. Las lluvias y otros fenómenos atmosféricos mucho más intensos y devastadores.  Al mismo tiempo, vemos como las estaciones también están variando.

Quienes tenemos cierta edad, y más aún quienes superan ampliamente los ochenta años, observamos como el tiempo está cambiando. Los inviernos son más suaves y los veranos más cálidos, con olas de calor más prolongadas e intensas. Las lluvias y otros fenómenos atmosféricos mucho más intensos y devastadores.  Al mismo tiempo, vemos como las estaciones también están variando.

El argumento utilizado por algunos de que siempre ha hecho calor tiene poco rigor científico. Es un criterio subjetivo, donde las sensaciones y recuerdos personales nos hacen creer en algo que depende de nuestra percepción del frío y del calor, del lugar donde vivíamos cuando éramos más jóvenes, de las condiciones de aquel momento, etc. o simplemente pertenecen a una tendencia de pensamiento que niega incluso que la tierra es redonda.

Los datos objetivos, los verdaderamente válidos, con mediciones estandarizadas, nos indican claramente que las temperaturas se han incrementado y que, en el sur de Europa y, por tanto, en nuestro país, el incremento medio de temperatura desde la era preindustrial es de 1,5 °C. Esto puede parecer poco, pero en realidad es mucho, porque puede modificar nuestros ecosistemas, la vida de animales y plantas, y también la nuestra.  

Nos podemos poner en la tesitura de ver la realidad que nos interesa y negar la evidencia, pero lo cierto es que la temperatura está aumentando y que cada vez estamos expuestos a fenómenos climáticos más adversos.   

Este mes de agosto, ha tenido un efecto muy negativo para las personas, la naturaleza, la biodiversidad y el medio de vida de quienes habitan esa España que apenas tiene habitantes de aquellas zonas de Galicia, Castilla y León y Extremadura que han ardido. El calor extremo, junto con una vegetación exuberante por las abundantes lluvias de primavera, y las tormentas secas, más la acción de pirómanos, incendiarios, y negligentes han convertido la zona oeste de nuestro país en un  infierno, con múltiples y sofocantes incendios, difíciles de controlar algunos de ellos, con avances rapidísimos y erráticos, que dificultan la labor de los medios de extinción, y que además ha provocado la muerte de personas, animales y la desaparición de multitud de viviendas, propiedades e incluso pueblos. Es decir, la ruina para muchas personas.

Los medios de extinción, en estos casos, no siempre resultan eficaces. Los incendios de 5ª y 6ª generación, como dicen los expertos, son muy complicados de abordar. La ansiada lluvia es sin duda la mejor herramienta para sofocar incendios y la adecuada gestión de los montes la opción más adecuada para minimizar el efecto de los incendios.

Quienes están luchando contra las llamas, merecen todo nuestro respeto y cariño. Tanto quienes están en tierra (bomberos, militares de la UME y de otros destacamentos, Guardia Civil, Policía Nacional, Policías municipales, Cruz Roja, vecinos de las zonas afectadas, etc.)  como quienes afrontan los fuegos por medios aéreos, se juegan la vida para intentar salvar a personas, enseres, viviendas y animales.

No es momento de confrontación y menos de decir estupideces que duelen a cualquier persona que escuche y tenga un mínimo de empatía hacia quienes sufren. Es momento de abordar unidos la lucha contra el fuego, y de ayudar a quienes lo han perdido todo o casi todo.

Señores políticos, cuando intentan sacar rédito político de algo tan triste como esta oleada de incendios que están destruyendo la vida de muchas personas, nuestro patrimonio natural y cultural, nuestros paisajes, etc., sepan que nos decepcionan a muchos ciudadanos. Este verano están contribuyendo con sus declaraciones y su política del “y tú más” a generar un gran hartazgo entre quienes no somos sus fanáticos seguidores. Quienes ya sentíamos el hartazgo de los insultos en las sesiones del Congreso y del Senado, ahora sentimos que solo les preocupa rascar votos de donde sea, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades de los ciudadanos. Algunos medios de comunicación tampoco son ajenos en la creación de esta España polarizada. Entre todos debemos desterrar la mentira de las declaraciones de políticos, tertulianos, etc. Los medios de comunicación deberían tener un papel de búsqueda de la verdad en la información frente a las redes, donde el exabrupto y el insulto desde el anonimato campan a sus anchas. Evidentemente tienen su línea editorial muy respetable, pero la información ha de ser cierta, si queremos que nuestra democracia perdure en el tiempo.

Quiero aprovechar para mostrar mi agradecimiento a todos esos políticos (alcaldes, concejales, etc.) que no viven de la política y que son los primeros en volcarse con sus conciudadanos ante tragedias como las vividas. Ellos sufren en primera persona la desolación de ver como las llamas han destruido sus pueblos, sus bosques y en parte, sus vidas.

Señores políticos que cobran de nuestros impuestos, escúchenles y no olviden que les elegimos y les pagamos un sueldo entre todos, para que busquen soluciones a los problemas y para que procuren mejorar nuestras vidas, la de los ciudadanos. Por favor, dejen de tirarse los trastos a la cabeza y de insultarse, y no hagan que recordemos con nostalgia aquellos grandes políticos de la transición que aunaron esfuerzos para mejorar la vida de los españoles.  Necesitamos una política de Estado con mayúsculas frente a un fenómeno que se seguirá repitiendo en los próximos años, y que de confirmarse los vaticinios del Panel intergubenamental del cambio climático, el incremento de las temperaturas y la distribución irregular de las lluvias en la Cuenca Mediterránea, favorecerá que los incendios sean cada vez más intensos y virulentos.

Quizás convenga recordar ante estas situaciones de extrema gravedad aquello de “... todos a una como en Fuenteovejuna”.