La agricultura y el regadío

España, mayoritariamente tiene una agricultura de secano, con aproximadamente 22 millones de hectáreas, frente a 3,76 de regadío. Conviene ser conscientes de que una hectárea de regadío es más eficiente, en términos económicos, con una relación 5-6 a 1 y con una capacidad productiva que supera en varios órdenes de magnitud al secano; además es más eficiente en el uso del agua.

España, mayoritariamente tiene una agricultura de secano, con aproximadamente 22 millones de hectáreas, frente a 3,76 de regadío. Conviene ser conscientes de que una hectárea de regadío es más eficiente, en términos económicos, con una relación 5-6 a 1 y con una capacidad productiva que supera en varios órdenes de magnitud al secano; además es más eficiente en el uso del agua. Así, cada m3 de agua evaporada en agricultura de regadío es 4,75 veces más eficiente que en el secano. En España, hemos avanzado de manera muy notable en la tecnificación de los sistemas de regadío. Se ha reducido la superficie de riego por gravedad en beneficio del riego a presión, especialmente con sistemas de riego de alta frecuencia que son más eficientes (goteo, exudación) pasando de 1,19 millones de hectáreas en 2004, a 1,62 millones en 2013 (Magrama, 2014).

Haciendo un poco de historia, hemos de recordar que 1,4 M de hectáreas son de regadíos históricos o anteriores al plan 1911, 0,99 M de la época del Instituto de Colonización y del IRYDA, 0,095 Millones de los realizados por las comunidades autónomas (ej.- plan PEBEA aragonés) y 1,28 M de hectáreas de la iniciativa privada.

La agricultura del futuro pasa por el Regadío. Desde que el hombre se hizo sedentario agricultor, en la media luna fértil  de oriente entre el Tigris  y el Éufrates, los grandes asentamientos humanos han estado junto a los ríos, ya que el agua era vital para producir buenas cosechas. Véase la importancia del Delta del Nilo en Egipto.

Desde el siglo XVIII hemos visto cómo eminentes prohombres vieron el regadío como la acción de futuro para nuestra agricultura aragonesa. D. Ramón de Pignatelli, verdadero artífice del tan preciado Canal Imperial de Aragón, al que seguirían después otros impulsados por diversos gobiernos y en diferentes fases: Canal de Aragón y Cataluña, de Monegros, de  Bardenas, etc.; D. Lorenzo Pardo, al crear en 1926 la primera Confederación Hidrográfica, que en este caso fue la del Ebro. Un sistema de gestión basado en la unidad de cuenca que tan buenos frutos ha dado, y que la nueva ley de aguas aragonesa, parece que ha pretendido variar  mediante la asunción de determinadas competencias reflejadas en nuestro Estatuto.  Sin olvidar, al egregio D. Joaquín Costa, quien pensaba que el agua, el regadío y la revolución agraria eran los baluartes en aquel momento del progreso del país, junto con la justicia social. Él pensaba que era más importante la guerra contra la sequía que las guerras de ultramar.

Los regadíos aragoneses han contribuido al desarrollo de nuestros pueblos, evitando el abandono, y favoreciendo la vertebración del territorio.