A vueltas con el viejo Cariñena y su histórico protagonismo

Javier Barreiro, escritor.
La decisión de la CEE nombrando a Cariñena Ciudad Europea del Vino durante 2025 me proporcionó una honda alegría No sé si se ha calibrado la importancia del asunto.

La decisión de la CEE nombrando a Cariñena Ciudad Europea del Vino durante 2025 me proporcionó una honda alegría No sé si se ha calibrado la importancia del asunto. Los terribles efectos de las riadas en la región valenciana me habían hecho temer que un mecanismo de compensación inclinara el voto hacia Utiel, cuyo buen vino, competía con el de la ciudad aragonesa, pero esta vez tocó cara. El delicioso zumo fermentado de sus campos que inspiró a sabios como Columela en el siglo I o Mauricio Wiesenthal en el XXI, también me inspiró alguna bagatela en forma decimal: 


Si al ver la realidad
el mundo parece tuerto,
oficiar quiero de experto
huyendo de tal verdad.
Acudo a mi soledad
y proclamo, libertino:
¡Hay que trocar el destino!
Pongámosle ese color,
arrúllenos el calor
  que se esconde en este vino.

En efecto, entre los mejores textos que he leído sobre el vino figura uno de los más antiguos, debido a Lucio Junio Moderato Columela, nacido en Cádiz cuatro años después de Cristo, criado y cultivado en Roma y fallecido el año 70 en Tarento, hermosa ciudad de la Apulia. Me refiero a  “De re rustica”, un justamente célebre tratado de agricultura. De sus doce libros, el III, IV y XII están dedicados a la viticultura, el último de ellos, a la elaboración. 

Columela, en una época en que entraban uvas desde todas las partes del imperio, adelantándose a la actualidad, defiende con energía las variedades locales: 

“Plantas foráneas que son trasplantadas desde países diversos están menos adaptadas a nuestros suelos que las indígenas y, por tanto, sufren, como un hombre extranjero en un país desconocido, del cambio de clima y terreno”.  

Por contra, no era muy partidario de las fusiones: 

“Incluso en el caso de variedades que maduren al mismo tiempo y aunque puedan provenir de distintos viñedos, el sabor de la mejor se diluye en la peor y, confundido el de una entre muchas, no aguantará mucho tiempo”. 

Una continua sorpresa es leer sus tratados, la sensatez y modernidad de sus asertos y certificar las sabidurías de este hombre, que bien ganado tiene su gaditano monumento en el que se le representa empuñando una hoz. 

En Aragón, donde el vino supone más del cinco por ciento del producto regional bruto, no estaría mal que los de Cariñena se soltasen el pelo y editaran los tratados vinícolas del gaditano. O que dieran su nombre a una marca de sus garnachas. Aunque en eso, les han ganado los sudafricanos, que no tienen malos vinos, precisamente. Así, hay un Columella, cosecha 2021, que es un coupage de Syrah, Mourvèdre, Garnacha, Cariñena, Cinsault y Tinta Barocca. Por 120 euros lo puede usted tener en su bodega.