De vuelta sobre Mauricio. Un año de "La estrella azul"

Javier Barreiro, escritor.
El inusitado y permanente interés sobre Mauricio Aznar desde el estreno de “La estrella azul” en la capital aragonesa (23-II-2024), corroborado por su éxito en los premios Goya, ha cumplido un año. Un zaragozano, que triunfa póstumamente a través de una película inventada y dirigida por un zaragozano, interpretada por un tercer zaragozano y que, además, recibe el principal galardón del cine español que lleva el nombre y consiste en la cabeza del zaragozano más famoso de todos los tiempos, es natural que llene de satisfacción a los nativos de la no sé si inmortal, pero sí ilustre urbe.

El inusitado y permanente interés sobre Mauricio Aznar desde el estreno de “La estrella azul” en la capital aragonesa (23-II-2024), corroborado por su éxito en los premios Goya, ha cumplido un año. Un zaragozano, que triunfa póstumamente a través de una película inventada y dirigida por un zaragozano, interpretada por un tercer zaragozano y que, además, recibe el principal galardón del cine español que lleva el nombre y consiste en la cabeza del zaragozano más famoso de todos los tiempos, es natural que llene de satisfacción a los nativos de la no sé si inmortal, pero sí ilustre urbe.

Con todo ello, prensa, canales y redes han tratado de contar al mundo quién era Mauricio Aznar, completamente desconocido fuera de su espacio original, y así se han publicado libros, reeditado discos y todo lo que tuvo relación con él ha alcanzado algún protagonismo. Algo parecido le ha ocurrido a la chacarera, pese a su belleza, muy poco conocida fuera del país que la alumbró.

Realmente, del Mauricio real pocas personas pueden hablar hoy, fuera de su muy anciana madre, su hermana, el músico Gabriel Sopeña, amigo suyo desde la infancia, y, desde otras perspectivas, sus dos más constantes novias, los miembros de su grupo, disuelto en 1993, o la terapeuta que lo asistió en su problema con las drogas.

Por el mismo motivo ha surgido un interés por la chacarera, un folklore seductor, pero con escasas posibilidades comerciales. Es verdad que en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo estuvieron de moda los grupos folklóricos sudamericanos, muchos de gran calidad, que visitaron España y en su repertorio estaban las chacareras. Por recordar algunos que las grabaron, citaré a Los Fronterizos, Los Cantores de Quilla Huasi, Los Manseros Santiagueños, Los Chalchaleros, Los de Salta, los Hermanos Toledo… y en cuanto a cantores solistas, figuras como Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune, Jaime Torres, Horacio Guarany, Alberto Cortez, Alfredo Ábalos y muchos más. Décadas anteriores habían grabado chacareras figuras inmortales como Carlos Gardel, Imperio Argentina o Celia Gámez, pero la chacarera merece mejor mención que un simple párrafo y espero poder acometerlo en alguna otra ocasión.

Ese interés por Mauricio y por la chacarera deparado por el film de Javier Macipe ha llegado también a la tierra en que nació esa música y me cuentan que los viajes de ciudadanos españoles a Santiago del Estero, pese a su aridez y lejanía, han aumentado progresivamente desde su estreno. Más, teniendo en cuenta que en su ámbito es una música completamente viva en el espacio en que nació, cosa que pueden decir muy pocos folklores, en todo caso, los des-folklorizados. Por otro lado, resulta un ritmo fácil para bailar y mucha gente anda deseosa de recuperar los bailes de cortejo, de ligue o, simplemente, de relación personal, al arrullo de voces y guitarras. Aquí hemos evolucionado desde el baile al son del tamboril, la dulzaina o el organillo de las verbenas, hasta que en las discotecas y plazas de pueblo cante una máquina, pero no concebimos “La Telesita”, la pieza más popular del género, historia bellamente sugerida en el film, cantada por una máquina.
                 
Mauricio y su estrella azul han constituido, pues, una alentada de felicidad, no sólo para quienes rescataron su figura y consiguieron transmitirla en una bella y, por muchas razones, compleja película, sino para sus amigos y, sobre todo, para los miles de personas que, gracias a la magia del cine, se han identificado con un ser humano y una música que no conocían.