Ignacio Prat y su abolido genio poético
Uno de los poetas aragoneses más importantes del siglo XX tuvo la ocurrencia de morirse el mismo día y año que el más grande de los narradores aragoneses de dicha centuria. El primero se llamaba Ignacio Prat. El otro, Ramón José Sender. Menos de lo que sería deseable, al segundo se le lee y recuerda, a Ignacio Prat, ni una cosa ni otra. Tampoco sus libros son fácilmente accesibles. Así que manos a la obra.
Ignacio nació un 4 de mayo en la Zaragoza de 1945 y enseguida despuntó como joven prodigio. Con 17 años dictaba una conferencia sobre la figura literaria y humana de Juan Ramón Jiménez en el Palacio Provincial de la Diputación zaragozana y publicaba versos en Poemas, la revista de Luciano Gracia. A los 21, su estudio “Itinerario de los Argensola” ganaba el Premio Extraordinario de la IV Fiesta de la Poesía Oscense, dotado con 15.000 pesetas, unos 3.500 euros al cambio actual.
Por entonces, cursaba los estudios de Filosofía y Letras en Zaragoza, Salamanca y Barcelona, donde se doctoró con una tesis sobre Jorge Guillén. En sus primeras oposiciones obtuvo la Cátedra de Lengua y Literatura Española, ejerció la docencia en el instituto de Santa Coloma de Gramanet y fue profesor visitante en varias universidades estadounidenses. Ignacio arrastraba un problema cardiaco y hubo de operarse varias veces. En una de estas intervenciones, contrajo una hepatitis que el 16 de enero de 1982 ocasionó su tan prematura muerte a los 36 años. El 7 de mayo la Institución Fernando el Católico convocó un homenaje en el que intervinieron José Carlos Mainer, Guillermo Fatás, Joaquín Mateo Blanco, Luis del Val y Alfonso Zapater. A partír de entonces, olvido.
Su trascendencia no radicó en su precocidad académica ni en el haber sido un excelente estudioso de la poesía española, con libros publicados en editoriales como Taurus y Planeta, sino en la altura de su condición de poeta innovador y arriesgado en sus propuestas estéticas. Ignacio Prat estuvo, por un lado, con las fórmulas herméticas y experimentales propias de su tiempo y, por otro, se acercó a la poesía exenta y con voluntad esencial, a la que luego se aplicó el marbete “del silencio".
Su exclusión de ciertas antologías y su temprano fallecimiento perjudicaron su difusión y conocimiento, aunque entre quienes le han prestado atención exista la convicción de su estatura lírica. En vida, Ignacio editó únicamente tres plaquettes. Hasta después de su muerte no apareció Para ti (1983), una antología poética con garantías de difusión.
Poeta difícil, pero de intensa capacidad de sugerencia, para Pérez Lasheras, "representa uno de los casos de más acendrada conciencia metalírica". Túa Blesa se ha acercado con profundidad a su obra, aunque todavía falta una edición completa de sus prosas y manuscritos, que han aparecido, tan sólo aislada y episódicamente, en revistas.