Cien años del primer semáforo en España (1926)

Javier Barreiro, escritor.
Hace unos cuantos años -por lo menos, veinte- me enteré de cuándo y dónde se había colocado el primer semáforo en España y me prometí que daría cuenta de él, al cumplirse su centenario.

Hace unos cuantos años -por lo menos, veinte- me enteré de cuándo y dónde se había colocado el primer semáforo en España y me prometí que daría cuenta de él, al cumplirse su centenario. Mira por dónde, tras un sueño agitado, hoy se me ha aparecido, como por ensalmo, el semáforo en cuestión. Me he dado cuenta de qué estábamos en 2026 y he venido corriendo a contarlo.

Fue en Madrid y estaba situado en el cruce de la calle Alcalá con la del Barquillo. Los modelos primitivos sólo tenían los colores verde y rojo y eran accionados por un guardia urbano. Entre peatones, automóviles, tranvías, coches y carros, en las horas punta, se solía formar un lío fenomenal, pues pocos entendían las señales. Habían pasado 58 años desde que en 1868 se instalara el primero del mundo, frente al Parlamento de Londres, antes de que circularan vehículos a motor. Fue diseñado por el ingeniero John Peake Knight y funcionaba con gas. Pese a la curiosidad que suscitaba, su historia fue corta. Es lo que tiene el gas: explotó, hirió al guardián que lo manejaba y hubo que esperar hasta 1914 a que se instalara el primer semáforo eléctrico. Fue en el cruce entre la Euclid Avenue y East 105th Street de la ciudad de Cleveland.  

Realmente, la palabra semáforo, de origen griego, está compuesta por dos lexemas que significan “señal” y “llevar”, sería algo así como “portador de señales” y, a partir de 1816, se usó en primer lugar para denominar a las señales marítimas, lenguaje que, después, pasó a las señales ferroviarias.

Recuerdo que en mi niñez algunas gentes del ámbito rural los llamaban “manforos” o también “semaforos”, con el acento tonal en la tercera sílaba. Conocida es la aversión al esdrújulo del habla aragonesa. Por cierto, que la escena más famosa de la popularísima película  “La ciudad no es para mí” (Pedro Lázaga, 1966), fue aquella en que Paco Martínez Soria, al salir de la estación con su maleta y sus pollos arma -y se arma- un lío descomunal en la glorieta de Atocha, pugnando con el semáforo y el guardia urbano, estupendamente interpretado por Manolo Gómez Bur.

De 1959 es el primer semáforo zaragozano. Se colocó en la Plaza de España, esquina con el Coso, donde se asentaba “La Joyita” y hoy la Diputación Provincial.

El útimo lo están poniendo ahora.