Viajeros y turistas (2)
Están creciendo las voces que alertan sobre los perjuicios del turismo masivo. Junto a los anuncios de las empresas del sector, aparecen cada vez con más frecuencia las protestas de entidades sociales sobre la invasión de ciertos parajes, referidos solo a España, que desnaturalizan su entidad y su sentido. Entre otros casos, puede citarse la Reserva de la Biosfera conocida como Urdaibai, en la comarca de La Busturia, situada en el centro del espacio litoral de Vizcaya, cuyos habitantes han elevado la voz para detener el progresivo deterioro de la zona por el exceso de visitantes. Algo similar ocurre en otros parajes rurales del norte, la zona más húmeda de la península y con el clima más agradable en verano.
Al haberse consolidado en muchos países presuntamente desarrollados una demografía urbana, el agobio vital de las ciudades induce a sus habitantes a buscar escapadas de todo tipo. Además de un retorno, aunque sea temporal, al mundo rural, también se produce un éxodo masivo hacia las costas y, dando un paso más, hacia el disfrute del mar abierto mediante cruceros que combinan noches de navegación con el desembarco diario en puertos emblemáticos con la posibilidad de visitar núcleos históricos o elementos artísticos de relieve.
Como todo en la vida, el asunto de los cruceros tiene diferentes perspectivas. En cierta ocasión, un buen amigo me confesó que jamás haría un crucero por el Mediterráneo porque le repugnaba la sensación de estar viajando a todo lujo sobre una fosa común. Quizá sea una postura algo extremada, pero bastante comprensible en mentalidades rigurosas. Por alusiones, no puedo evitars la mención a esos viajeros marítimos forzados a abandonar sus países africanos o asiáticos en busca de una vida soportable. Búsqueda que, por desgracia, en muchas ocasiones acaba en naufragio.
Y por conexión, también podemos recordar a los viajeros de los países centroamericanos que emprenden rutas peligrosas para escapar de las tiranías, los abusos y la pobreza. Bien sea por vía terrestre o marítima, no está resuelto el proceso de acogida e inserción en los países de destino, considerados ricos, aunque bien se sabe que en algunos de ellos la pobreza oculta es grande y los poderes públicos la ignoran o pretenden hacerlo.
Para concluir esta reflexión me voy a referir al término ‘escapada’, tan frecuente en la publicidad del sector. Escapar significa huir, y esta actitud subyace de forma inconsciente en gran parte de los usuarios. Los especialistas en la conducta humana señalan que la inconsciencia ocupa cada vez mayor espacio en la mente de nuestra especie, tan civilizada ella.