A principios de la década de los 90, Jemma Markham y Piers Dutton, una pareja británica asentada en España, decidió cambiar la vida urbana por la rural. Recorrieron despaciosamente varias zonas del arco mediterráneo hasta encontrar lo que buscaban: una antigua masía situada en el valle del Matarraña, con tierras de cultivo y un entorno paisajístico espectacular. Adquirieron la finca para desarrollar un proyecto arriesgado, pero consistente.
Ese fue el punto de arranque de lo que hoy es una realidad extraordinaria: el hotel y restaurante La Torre del Visco, situado en el valle del río Tastavins, dentro del término municipal de Fuentespalda. Su inauguración en 1995 supuso un cambio de paradigma para el sector turístico de la comarca, y aún más allá. A partir de ese momento, la oferta de alojamientos y la calidad de la restauración fueron creciendo de forma imparable hasta el día de hoy. La comarca del Matarraña-Matarranya se ha convertido en uno de los polos de máximo interés para viajeros y turistas de todo el mundo.
Conocí de primera mano el proyecto desde sus inicios. Trabé una honda amistad con Jemma y Piers. Seguí su trayectoria y di cuenta de ella en un primer artículo aparecido en la revista ‘Trébede’, en la que colaboré permanentemente. Me empeñé en dar a conocer La Torre del Visco a mi familia y amigos. Por citar solo algunos, allí conduje a Eloy Fernández Clemente, el gran patriarca de la investigación socio-económica sobre Aragón, que recibió el primer Premio de las Letras aragonesas en 1995. Suprimido por el gobierno regional al año siguiente, se restauró en 2001.
En aquella exploración nos acompañó Vicente Martínez Tejero, a quien apodábamos cariñosamente 'el boticario enmascarado', uno de los bibliófilos más relevantes del territorio, además de infatigable gestor cultural. Y junto a ellos y sus esposas, Gonzalo Borrás, catedrático de Historia del Arte, así como eximio investigador y divulgador del mudéjar, entre otros méritos.
También tuve la satisfacción, en su día, de mostrar al exquisito periodista y escritor Antón Castro, tanto La Torre del Visco como otros establecimientos hoteleros singulares en el territorio, entre ellos el Molí de l'Hereu (Eloy prefería llamarlo ‘lo Molí’, en homenaje a la lengua vernácula de la zona) y La Alquería, en Ráfales. Por cierto, Antón ha sido galardonado con el último Premio de las Letras aragonesas.
Mis vínculos con La Torre del Visco se han enriquecido a lo largo de las tres décadas transcurridas desde su inauguración, en sucesivas visitas y estancias, porque es un enclave paisajístico espectacular, magnífico desde el punto de vista gastronómico, esmerado en el trato personal y de primerísimo orden cuando lo que se busca es el sosiego.