El “pendrive” es antiguo

El cuadrado disquete, que no permitía almacenar ni siquiera una canción completa, dejó paso al ‘pendrive’, ese pequeño dispositivo que puede guardar en su interior decenas de fotos, canciones e, incluso, películas. En uno de estos diminutos discos de 1 GB se pueden introducir tantos archivos como en 730 disquetes.

El cuadrado disquete, que no permitía almacenar ni siquiera una canción completa, dejó paso al ‘pendrive’, ese pequeño dispositivo  que puede guardar en su interior decenas de fotos, canciones e, incluso, películas. En uno de estos diminutos discos de 1 GB se pueden introducir tantos archivos como en 730 disquetes.

Los llaveros USB, que es la forma más castiza de llamar al ‘pendrive’, son, según leo en la bendita Wikipedia, “resistentes a los rasguños y al polvo que han afectado a las formas previas de almacenamiento portable, como los CD y los disquetes”. Los llaveros USB 2.0, que se venden ahora, permiten guardar los archivos o pasarlos al ordenador a gran velocidad.

La mayoría de la gente compra estos lapiceros de memoria para transportar archivos de un sitio a otro. Los bits no pesan. Pero, para llevarlos encima, es necesario cargar con un ordenador portátil o emplear un utensilio de memoria que se pueda conectar al ordenador. Los conferenciantes llevan sus ‘powerpoint’ en la memoria USB, los contables sus balances junto con las fotos de la comida familiar del domingo. Los ‘pendrive’ también pueden servir para llevar artículos y traer música o películas. Son tan útiles como las carteras de mano para llevar documentos y tan ligeros que caben en el bolsillo de la camisa. Además, se pueden comprar hasta en los supermercados.

En las pasadas navidades, estuve a punto de comprar un ‘pendrive’ que me permitiera almacenar uno o dos gigas. Pero pensé que no necesitaba una antigualla como una memoria USB. ¿Para qué? Desde cualquier ordenador conectado a Internet puedo acceder a mi cuenta de correo en Gmail donde, en la bandeja de entrada, se encuentran cerca de 700 mensajes. No he borrado ninguno de los que he recibido porque sólo ocupan 141 megas, el 5% del espacio que gratuitamente me han asignado. Así que dispongo nada menos que de 2.685 megas para almacenar mi futuro digital.

Entre otras cosas, empleo Gmail, como muchos otros usuarios, para guardar mensajes que yo mismo me envío desde otras cuentas. Así, cuando necesito algún archivo y no tengo mi ordenador a mano, pido que me dejen emplear un ordenador y accedo a mi correo en unos segundos. Además, en los últimos meses, he abierto una cuenta gratuita en ‘writely.com’, un procesador de textos en línea que guarda algunos de mis trabajos y me permite acceder a ellos desde cualquier PC sin tener que cargar con un ordenador portátil.

Dicen los que saben, que estamos en los inicios de la Web 2.0 donde, entre otras cosas, el almacenamiento en la Red es gratuito y ya no es necesario trabajar pegado a un disco duro. El ‘pendrive’ y el disquete pertenecen a la primera Web. En la 2.0, no hace falta llevar nada en los bolsillos.