El oficio de Juan Pablo Meneses
21 de agosto de 2006 (13:54 h.)
Conocí al cronista chileno Juan Pablo Meneses una tarde del pasado mes de febrero en Huesca. Acababa de llegar de Buenos Aires y estaba cansado. Me extrañó ver que llevaba unas pesadas botas bastante gastadas. Daba la impresión de que las botas habían recorrido muchos kilómetros en los pies del periodista. Pensé que, como se trataba de un cronista viajero, las botas formaban parte de su atuendo de trabajo. En la cena, me percaté de que Meneses escuchaba más que hablaba. Preguntaba mucho y respondía poco.
Conocí al cronista chileno Juan Pablo Meneses una tarde del pasado mes de febrero en Huesca. Acababa de llegar de Buenos Aires y estaba cansado. Me extrañó ver que llevaba unas pesadas botas bastante gastadas. Daba la impresión de que las botas habían recorrido muchos kilómetros en los pies del periodista. Pensé que, como se trataba de un cronista viajero, las botas formaban parte de su atuendo de trabajo. En la cena, me percaté de que Meneses escuchaba más que hablaba. Preguntaba mucho y respondía poco.
Antes de conocerlo, había leído algunas de sus crónicas en Internet. Después, Julio Villanueva Chang, director de la revista Etiqueta Negra, me trajo de Lima ‘Equipaje de mano’, un libro de crónicas de viaje de Meneses que no se puede comprar en España. Posteriormente, en un viaje a Chile, conseguí un ejemplar de “Sexo & poder, el extraño destape chileno” y, gracias al libro de Meneses, supe de los “cafés con piernas”, una peculiaridad santiaguina. Cuando regresé a España, le entrevisté por mail. Quería que me hablara de lo que él llamaba “periodismo portátil”. Me explicó que había decidido escribir en los cibercafés y su única oficina era una cuenta de correo de Gmail. Meneses vive en Buenos Aires, “donde los ‘ciber’ son baratos y hay muchos”. Si se cansaba de trabajar en uno, salía a pasear y entraba en otro cuando le apetecía volver a escribir.
En su viaje a Huesca, Juan Pablo Meneses impartió un taller a una docena de periodistas antes de intervenir en el Congreso de Periodismo Digital. En el taller, entre otras muchas cosas, dijo que el periodismo es un oficio y que se aprende ejercitándolo. Sin embargo, no concretó Meneses sobre si se trata de un oficio de futuro o de un oficio que puede extinguirse en unos años, como desapareció el periodista mítico con la llegada del cine en color. El gran periodismo, el que se hacía con estilográfica y luego con Olivetti, el que se sustentaba en el carajillo y en una vida envuelta en el humo de los cigarrillos, ese gran periodismo se esfumó con la llegada de los ordenadores.
Los periódicos siempre se han mantenido por emplear sistemas de información mucho más rápidos que los que utilizaban sus competidores. El elegido grupo de corresponsales y enviados especiales facilitaban a los periódicos las historias que los lectores consumían con avidez. En la era de Internet, los lectores disponen de tantas fuentes de información como las que cuentan en los periódicos e, incluso, se convierten en periodistas que explican la actualidad de primera mano en sus blog.
El oficio de los cronistas como Meneses comienza a extinguirse porque el buen periodismo no tiene sitio en los periódicos y en Internet pocos medios pueden pagar por crónicas que requieren invertir en viajes y muchas horas de trabajo del periodista. Así las cosas, no cabe preguntarse por el nuevo periodismo. Más bien, lo que nos debe preocupar es qué pasará con el viejo, que es el que conocemos. A los periodistas como Juan Pablo Meneses hay que considerarlos como una especie que hay que proteger. Por eso deben documentar cómo realizan su trabajo. Para que las próximas generaciones sepan de su existencia.
Antes de conocerlo, había leído algunas de sus crónicas en Internet. Después, Julio Villanueva Chang, director de la revista Etiqueta Negra, me trajo de Lima ‘Equipaje de mano’, un libro de crónicas de viaje de Meneses que no se puede comprar en España. Posteriormente, en un viaje a Chile, conseguí un ejemplar de “Sexo & poder, el extraño destape chileno” y, gracias al libro de Meneses, supe de los “cafés con piernas”, una peculiaridad santiaguina. Cuando regresé a España, le entrevisté por mail. Quería que me hablara de lo que él llamaba “periodismo portátil”. Me explicó que había decidido escribir en los cibercafés y su única oficina era una cuenta de correo de Gmail. Meneses vive en Buenos Aires, “donde los ‘ciber’ son baratos y hay muchos”. Si se cansaba de trabajar en uno, salía a pasear y entraba en otro cuando le apetecía volver a escribir.
En su viaje a Huesca, Juan Pablo Meneses impartió un taller a una docena de periodistas antes de intervenir en el Congreso de Periodismo Digital. En el taller, entre otras muchas cosas, dijo que el periodismo es un oficio y que se aprende ejercitándolo. Sin embargo, no concretó Meneses sobre si se trata de un oficio de futuro o de un oficio que puede extinguirse en unos años, como desapareció el periodista mítico con la llegada del cine en color. El gran periodismo, el que se hacía con estilográfica y luego con Olivetti, el que se sustentaba en el carajillo y en una vida envuelta en el humo de los cigarrillos, ese gran periodismo se esfumó con la llegada de los ordenadores.
Los periódicos siempre se han mantenido por emplear sistemas de información mucho más rápidos que los que utilizaban sus competidores. El elegido grupo de corresponsales y enviados especiales facilitaban a los periódicos las historias que los lectores consumían con avidez. En la era de Internet, los lectores disponen de tantas fuentes de información como las que cuentan en los periódicos e, incluso, se convierten en periodistas que explican la actualidad de primera mano en sus blog.
El oficio de los cronistas como Meneses comienza a extinguirse porque el buen periodismo no tiene sitio en los periódicos y en Internet pocos medios pueden pagar por crónicas que requieren invertir en viajes y muchas horas de trabajo del periodista. Así las cosas, no cabe preguntarse por el nuevo periodismo. Más bien, lo que nos debe preocupar es qué pasará con el viejo, que es el que conocemos. A los periodistas como Juan Pablo Meneses hay que considerarlos como una especie que hay que proteger. Por eso deben documentar cómo realizan su trabajo. Para que las próximas generaciones sepan de su existencia.