Opinión

La batalla de Periferias

«Hombres de España, ni el pasado ha muerto, ni está el mañana -ni el ayer- escrito» (Antonio Machado)
Fermín Civiac
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«Hombres de España, ni el pasado ha muerto, ni está el mañana -ni el ayer- escrito» (Antonio Machado)

No es Bajmut ni Avdivka, pero es un campo de batalla. Es donde los enemigos de la libertad han decidido batirse. Las huestes woke se alistan para el combate: ministros, concejales, diputados, periodistas en renting, comegambas y el autodenominado “mundo de la cultura”, ya han iniciado las hostilidades que, se espera se prolonguen, en una larga guerra de desgaste.

La izquierda progre, esa izquierda indefinida entre extravagante y divagante, no se puede permitir que se abra una grieta en los muros de la fortificada muralla de la hegemonía cultural. Aceptaría que Periferias muriera sola de inanición. Sin público, sin ingresos propios, sin patrocinios, sin prestigio entre los artistas, el festival languidecía gracias a las subvenciones que el anterior alcalde socialista, a la vista de la escasa rentabilidad clientelar del festival, había ido reduciendo. Pero, lo que de ninguna manera puede tolerar es que su óbito lo anunciara el concejal de Vox a bombo y platillo en una rueda de prensa. Por cierto, tan molesta para sus socios que se han precipitado a pedir perdón en las terminales progres.

El festival estaba planteado como una actividad de deconstrucción cultural, inserta en esa ideología woke importada de EEUU que articula la cultura que sostiene el sistema globalista. Como explica de forma muy didáctica Agustín Laje, en este pensamiento político se ha sustituido el análisis marxista de la explotación de clase por una postmodernista “dominación” del heteropatriarcado y del varón blanco. 

Esta nueva ideología, perfectamente teorizada por Ernesto Laclau, que se basa en la creación de antagonismos entre hombres y mujeres, blancos y negros, heteros y LGTBQ, humanos y el planeta, franquistas y republicanos, entre otros, no pone en entredicho el sistema globalista de gigantescas corporaciones capitalistas.

Periferias siempre fue muy poquita cosa. Apenas tuvo repercusión en medios locales sin que llegara nunca a ser un evento de ámbito nacional. Nunca pasó de regional preferente.

Lo importante del fin del fracasado festival es que es Vox quien le retira la subvención del ayuntamiento de Huesca. Y eso no se puede permitir, porque sería tanto como crear un precedente por el que algunos podrían llegar a pensar que la muralla inexpugnable va camino de un destino como el de las murallas de Constantinopla. 

Esta pequeña escaramuza podría hacer que muchos ciudadanos, y algunos artistas, vieran que “a golpe de piqueta” puede derruirse “la muralla vieja” y “las casas renegridas” del consenso progre. Y se plantearan cruzar las líneas y cambiar de bando. Porque toda esta superestructura se apoya en que la hegemonía cultural se perciba como tal.

Frente a esas élites, que han logrado un consenso entre el liberalismo cultural y el económico. Que asegura la imposición de las sociedades abiertas, el globalismo extractor, la inmigración masiva, las agendas mundialistas y la dilución de los estados nación; queda arrumbado, por la propia dinámica cultural y económica, un “bloque popular”, en expresión de Jérôme Sainte-Marie. Bloque formado por eso que Abascal solía denominar “la España que madruga”: trabajadores de la industria, agricultores, autónomos, comerciantes y pequeños profesionales.

Ese bloque, mayoría en términos estadísticos, ha comenzado a levantarse en toda Europa liderado por agricultores y camioneros. Todavía no es preocupante para las élites porque pueden construir un relato con el que desactivarlos, gracias a su hegemonía. Pero, ¿y si esa hegemonía comienza a agrietarse? ¿Y si hombres y mujeres libres toman conciencia de pertenecer a una clase explotada y marginada por la élite globalista?.  A eso temen.